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sábado

en tierras de cine (XI): dentro de nuestro laberinto (Labyrinth, 1986)



Jareth: Tell me Sarah, what do you think of my labyrinth?



labyrinth


RELATO CINECARTOGRÁFICO
Estaba en la lista de borradores. Pero no tendría que ser como ha acabado resultando: Lo que viene a continuación debería ser un texto sobre escenografía y Escher, sobre ingenio e ilusiones visuales. Y sobre todo sobre el trabajo de matte paintings. Pero me temo que el mundo real se esfuerza en cambiar mi percepción del Cine. y eso está mal. Debería ser al revés.

El día 8 de enero de 2016 vi por primera vez el videoclip Lazarus de David Bowie. Junto a mi hija, de poco más de 4 años. Era la primera vez que ella veía en movimiento al Duque Blanco. El vídeo es sobrecogedor y ella lo notó. Me hizo muchas preguntas, más de las habituales para un clip musical. Yo todavía no había escuchado el disco y no tenía el contexto, así que no acababa de entender la magnitud de lo que estábamos viendo, pero surgió de una manera muy sencilla que la mayoría de sus preguntas se responderían con un repaso rápido de los vídeos del autor. Y nos pasamos la tarde entera de ese viernes saltando por sus diferentes épocas y personalidades. Y disfruté cada segundo de ese tiempo, incluso (si no más) la decena de veces que repetimos I’m Afraid of Americans. El día 9 de enero de 2016, sábado, dejé preparada Labyrinth. Ahora era el momento de verla. Sin posibilidad de miedos, con curiosidad hacia Bowie. Aunque por diversos motivos, no encontramos el momento. El fin de semana siguiente, me dije.

Después vino el día 10 de enero de 2016.

El día 11 de enero de 2016, lunes por la mañana, en la radio, de camino al trabajo, la noticia me pega fuerte. Mucho. Nunca lo hubiera imaginado. Por lo visto, siempre lo había tenido ahí. Nunca en primer plano, siempre latente. David era una constante. David, ahora lo veo, era un lazo que me ataba fuerte a los recuerdos de mi padre, a mis primeras referencias musicales, a mis incipientes obsesiones cinematográficas, y a mis primeros deseos de crecer y ser como ese ser que veía en la tele. Y ahora, casi 30 años después, y por una simple casualidad, resulta que me une a un recuerdo más que feliz con mi hija. Estoy triste, y es raro, porque no lo consideraba una pieza tan importante. Pero quiero entregarle a ella un poquito de eso, de la magia, de lo que no sabía que formaba parte de mí. Sé que es muy pequeña todavía. Y no le he dicho nada expresamente de la situación, no es necesario. Pero no podría estar más decidido a que es el momento de que le vea en acción en el papel de Jareth, el Rey Duende. Y que la pequeña Dana transite ese Laberinto como yo lo he hecho muchísimas veces ya, con la ilusión de un niño, con el hambre de sorpresas y el sugerente acoso del miedo. A lo desconocido, a perder a alguien querido, a querer a alguien equivocado, a perderse en uno mismo, a olvidar, a soñar lo que no se debe, y a tener miedo a cosas terribles pero que no son más que pequeñas piezas, a veces ridículas, de un universo con reglas. Y si hay reglas, hay formas de ganar.

Hoy es 17 de enero de 2016. Y la hemos visto ya. Y fue muy interesante. Porque me vi reflejado en sus reacciones, en sus sorpresas y en su disfrute. Y también porque me di cuenta que yo la continúo viendo con los ojos de un niño. Ahora la entiendo mejor, claro. Trata sobre la necesidad de no dejar de ver el mundo a través del filtro de los recuerdos de la infancia. Y así lo hicimos Dana y yo. Como Sarah cuando al final, en casa, segura, en pleno remanso de realidad, mira las cosas de su cuarto, sus cuadros de Escher, su laberinto de juguete, sus libros de fantasía, su Mago de Oz, su Blancanieves,  su Donde Viven los Monstruos, sus duendes y monstruos de peluche, sus recortes de actores teatrales con la cara de David, y los demás retazos de su infancia, que son con los que ha creado la historia que acabamos de ver. Y llama a sus amigos (y enemigos) fantásticos a este lado del espejo. Porque todavía puede hacerlo. Porque los necesita más que nunca ahora que se está convirtiendo en adulta. Así lo hicimos en casa también. Y durante mucho rato se me olvidó que él ya no está.



FICHA TÉCNICA
Nombre del lugar: Laberinto del Castillo más allá de Ciudad Goblin.
Visitante(s): Sarah (Jennifer Connelly), Jareth the Goblin King (David Bowie).
Fecha de la Visita: 1986.
Situación: Desconocido.
Dirigido por: Jim Henson.
Director de Fotografía: Alex Thomson.
Director de Arte: Terry Ackland-Snow .
Efectos Especiales: Optical Film Effects, Industrial Light & Magic.
Año: 1986.




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jueves

Reseñas para mi hija de (ya) cuatro años: ¿a quién le está hablando?



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Dana ha nacido en algo que se parece mucho al futuro que nos prometieron. Quizá la distopía no es tan marcada como se suponía, y los avances tecnológicos se han mezclado tanto con lo natural que apenas los percibimos como asombrosos. Pero es el futuro mágico en el que yo, con su edad, hubiera estado encantado de vivir.

Y eso implica pequeñas avalanchas de información, inputs y entes culturales, que quedan a disposición de sus preciosos y nada sorprendidos ojos. El futuro es una niña de cuatro años que no duda ni un segundo que todo está a su alcance. Siempre.

Y yo me preocupo porque eso sea cierto. Siempre. Pero la avalancha sí que me sobrepasa a mí. La impaciencia me puede y no soy capaz de ponerla al día con todo lo que quiero que ella conozca. Con todo lo que quiero que vea. En el fondo, imagino que ese es el proverbial salto generacional: querer poner a tu altura contextual a una personita que ha nacido 30 años después que tú.

Ella y yo descubrimos películas nuevas cada día, claro. Y es fascinante. Pero el cine A.D. (anterior a ella), se ha convertido en un ente fluido que, en gran parte, se nos escapa un poco cada día. Así que llega un día que me planto y me lanzo a la recolección de magia antigua. Viejas películas de animación, para tener munición en esa guerra conceptual que me he planteado.

Y entonces vemos viejas pelis de Disney, las interesantes, las que tienen cosas que aportar, y cintas de Pixar que, para mi desgracia, tienen ya miles de años. Por supuesto, también vemos otras cosas menos comunes: Quiero dejar a mi hija armada y bien dotada en el campo de batalla cultural.

Y en ello estábamos, y en el momento en el que menos me lo espero, cae la pregunta: "Papa, ¿a quién le está hablando?" Es en el inicio de Aladdin, cuando un mercader ofrece sus productos a la cámara, y ésta, no interesada en sus baratijas, se gira e intenta marcharse de la escena. El vendedor se agarra al encuadre y ofrece algo que nos interesará más, la historia del joven Aladdin...

En un principio no caigo en la profundidad de su pregunta, y le contesto fácil y rápido: "A nosotros. Ahora él nos explicará la historia”. Y acabamos de ver la película y no vuelvo a pensar en el tema.

Pero algunos días después, por un fotograma que le llama la atención, decide que quiere que veamos Fantasía. La original. La que debo reconocer que nunca he podido ver entera de una sentada. Por supuesto, es una niña de 4 años, la primera parte de la historia, la interpretación surrealista de la Tocata y Fuga de Bach, le aburre sobremanera. Y yo lucho por mantenerla interesada, a sabiendas que las siguientes historias le gustarán mucho más. Y así es.

Pero durante la parte en que unas hadas se despiertan al son de las notas de El Cascanueces, y se convierten en instrumentos portadores de las estaciones a través de la música que nace de sus movimientos, la pregunta surge de una manera diferente. Un hada, sorprendida se encuentra con la cámara. Nos mira y asustada, huye de nosotros. Los humanos no deberíamos ver el baile de la naturaleza. No sin ser invitados. Dana me mira y dice: “¿Por qué se espanta?” Y entiendo, por fin, lo que quiere saber. E intento explicárselo.

Tú estás sentada aquí, con la TV delante. Y miras lo que ellas hacen en la película. Pero lo que las hadas, o el vendedor del principio de Aladdin del otro día, hacen al hablar contigo, o al asustarse de ti, es hacerte notar que pueden verte. Que saben que las estás mirando, y también que saben que son personajes de una película. En el fondo significa que todos esos personajes tienen una TV delante de ellos también, como tú. Y que además de hacer las cosas que tienen que hacer para contar su historia, también pueden mirar esa TV. ¿Y sabes lo que ven en ella? A nosotros aquí sentados.

¿Y sabes cómo se llama a eso? Romper la cuarta pared. Porque imagina que todo lo que pasa en un película, sucede dentro de una habitación con tres paredes de ladrillo y, la cuarta pared, la de delante, la que cerraría del todo la habitación, es una gran ventana por la que puedes mirar lo que pasa dentro. La pantalla. Normalmente, los personajes son gente que alguien ha inventado para explicar una historia, y no saben que están en esa habitación cerrada. Ni que tú estás mirando. Por eso, aquel personaje que descubre que existe esa pared y que es de cristal, y puede verte y hablar contigo, está rompiendo la reglas de la historia. ¡No debería ser, es un personaje inventado, que no existe! ¡Pero puede verte! Está rompiendo la cuarta pared.

Verás que no hay muchos personajes que puedan hacer eso. Pero siempre que lo hacen, es para jugar contigo. Para demostrar que hay una relación entre lo que explica la historia y tú. Y para hacerte parte de esa historia, para convertirte a ti en un personaje como ellos.

Y ahora, vuelve a mirar las hadas. Ahora saben que las miras, y están bailando para ti. 




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martes

Reseñas para mi hija de tres años: Pesadilla antes de Navidad



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¿Recuerdas la gente que celebra Halloween, y se disfrazan y asustan y piden caramelos? Pues Jack es el jefe de la Ciudad de Halloween, y una vez al año asusta a los niños y se lo pasa muy bien. Pero está triste porque empieza a aburrirse. Y eso que todo el mundo le quiere y todos sus amigos juegan con él. Pero no le basta. Está muy muy triste.

Hasta que llega un día en el que encuentra la puerta a la Ciudad de la Navidad y se queda muy sorprendido: Él está acostumbrado a los fantasmas, brujas, zombies y monstruos, y en Navidad todo es tan brillante y tan blanco que no entiende nada. Y allí, el que más amigos tiene es Santa Claus. Por eso Jack piensa que si se hace pasar por Santa Claus podrá divertirse y hacer amigos en Navidad mejor que nadie.

Y pide ayuda a sus monstruos, y construyen su propia Navidad. Una igual que la de Santa Claus, pero con monstruos y sangre y serpientes y calaveras. Por eso los niños se asustan mucho, porque quieren regalos, no pasar miedo. Los sustos son para Halloween, Jack, no para Navidad, y le disparan para que se vaya. Entonces Jack se enfada, porque él quería hacer las cosas bien, pero no se da cuenta de que el problema es que su forma de hacer las cosas es diferente a lo que la gente esperaba.

Cuando deja de estar enfadado, lo entiende todo: Él es de Halloween, no de Navidad. Y eso también está bien. Todo tiene su momento y su orden.

Por eso deja libre a Santa Claus, para que arregle la Navidad. Y al año siguiente volverá a haber Halloween y Navidad. Como siempre.

Sencillo, ¿verdad?

Pero quiero explicarte algo más. Algo que no es tan sencillo. Pero, cuando lo entiendas, verás las películas de una manera diferente. ¿Recuerdas cuando hicimos unos dibujos en las esquinas de todas las páginas de tu libreta, y si pasábamos las hojas rápido parecía que los dibujos se movían? Pues Pesadilla antes de Navidad está hecha así también, pero con muñecos.

Un poco de movimiento, y le hacen una foto. Vuelven a mover un poco la figura, y le hacen otra foto. Eso se repite muchas veces, y cada muñeco realiza un movimiento completo. Saludar con la mano, por ejemplo. Arriba, abajo, arriba, abajo. Y con todas las fotos, pasadas muy rápido, parece que los personajes se muevan. Luego alguien le pone voz y música encima, y de eso se consigue una película.

¿Coraline? también está hecha así, y todas las demás películas de dibujos que has visto, dibujando poco a poco cada pequeño movimiento. A esa forma de hacer se le llama “animar". Y aunque parezca magia, todas las películas, incluso las de personas de verdad, son eso, muchas fotos puestas una detrás de otra y pasadas muy deprisa.

Ven, lo entenderás si te lo enseño con la cámara del teléfono y uno de tus peluches. Por ejemplo, acércame a godzilla y uno de los coches de lego...





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jueves

Reseñas para mi hija de tres años: Mi Vecino Totoro

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Esta película la has visto muchas veces, por eso me sorprende que todavía tengas preguntas por hacer. Pero no importa, podemos volver a verla.

¿Recuerdas lo que le pasó a Coraline, que tuvo que irse a vivir a una casa nueva con su familia? Pues es lo mismo que les pasa a Satsuki y Mai, dos hermanas que se van a vivir con su padre a una casa muy vieja en el campo. Y se van a vivir allí, lejos de su colegio y sus amigos para estar cerca de su madre, que está enferma en el hospital.

E igual que Coraline, las dos niñas encuentran otro mundo mágico en el bosque que nadie más que ellas ve. Un mundo lleno de duendes del polvo, monstruos de peluche de todos los tamaños, ¡y hasta un gatobús!. La diferencia es que, esta vez, todos esos monstruos que viven en el bosque son buenos y sólo quieren jugar con las niñas.

Todo es muy divertido con los totoros, y las niñas están muy contentas porque han oído que su madre va a volver a casa pronto. Por eso, el día en que reciben la noticia de que la madre ha vuelto a ponerse enferma y no volverá a casa en un tiempo, la pequeña Mai se escapa y decide ir a ver a su madre sin decírselo a nadie.

Como entenderás, todo el mundo se preocupa mucho, porque una niña tan pequeña (¡tan pequeña como tú!) en un bosque tan grande, puede perderse y hacerse mucho daño. Por eso todos los vecinos la buscan y pasan mucho miedo porque no la encuentran. Incluso hay un momento en que encuentran un zapato en un lago y todos piensan que la pequeña se puede haber caído al agua y haberse ahogado. Pero todos se quedan un poco más tranquilos cuando ven no es un zapato de Mei.

Por suerte, Satsuki tiene a sus amigos mágicos. Así que pide ayuda al totoro y gracias al gatobús encuentran super rápido a Mai e incluso pueden ir a ver a su mamá un momento al hospital.

Cuando vuelven a casa y los vecinos ven que no les ha pasado nada a las niñas, todos se ponen muy contentos y lo celebran.

Ahora, Dana, te voy a explicar una cosa más sobre las películas. Cuando se acaba una historia, la mayoría de las veces termina con una canción, y un montón de letras que se mueven de abajo a arriba. Sí, esas letras donde encuentras siempre las que forman tu nombre. Pues esas letras también forman los nombres de la gente que ha trabajado la película. Tanto los actores, como los dibujantes y el resto de personas que han ayudado a terminarla. A eso se le llama Títulos de Crédito. Y, ¿a que hay veces que pasan cosas divertidas durante esa canción? Pues en Mi Vecino Totoro además, explican cosas que pasan después de que las niñas vuelvan a casa. Así, si te fijas, vemos que la mamá vuelve a casa, y que las niñas crecen y siguen jugando con los totoros, pero también hacen muchos amigos, y también sale un bebé que seguramente signifique que han tenido otra hermanita.

Por eso hay que estar atento a los Títulos de Crédito, porque es una forma de dar las gracias por su trabajo a los que han hecho la película, y porque a veces traen sorpresas.


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viernes

Reseñas para mi hija de tres años: Only God Forgives


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¿Cómo se llamaba aquel amigo tuyo tan travieso? ¿Era Leo verdad? Pues imagina que Leo le rompe sin querer un juguete a tu amiga Lucía Y ella llora y se pone triste y te pide que la ayudes a pegar a Leo, por malo. ¿Tú qué harías? Pues algo parecido le pasa a Julian.

Julian no habla mucho porque no tiene papá, y porque su mamá no le dejaba hacer las cosas que le gustaban de pequeño. Por eso, cuando fue lo suficientemente grande, se fue a vivir muy muy lejos de su familia con su hermano Billy. Pero un día su hermano le hace mucho daño a una niña y el papá de esa niña se pone muy triste y se enfada mucho y mata a Billy. Esto quiere decir que Julian nunca más va a poder ver a Billy, ni a jugar con él.

Julian se pone muy triste, y también se enfada, pero como su hermano se había portado muy muy mal, decide que, un poco, se lo merecía. Y aunque le gustaría hacer daño al hombre que mató a Billy decide no hacer nada.

Pero la mamá de Julian y de Billy no piensa igual. Cuando viene a ver a Julian, está muy enfadada. Mucho más que todos los demás, y pide a Julian que le pegue mucho al hombre que mató a Billy. Le pide eso porque ella no es fuerte, y Julian sí. Y porque la mamá cree que si el hombre que mató a Billy llora, se hace mucho daño, o incluso si se muere y nadie vuelve a verlo nunca más, tanto la mamá como Julian ya no estarán tan tristes. Eso es lo que la gente llama “Venganza"

Y ahora, Dana, verás en la película cosas muy feas que alguna gente le hace a otra gente, pero piensa una cosa: esto es el Cine, y todo eso son disfraces, y muñecos, y lo hacen así de feo para que tu pienses que es asqueroso, y malo, y tú también te enfades un poco y entiendas lo que le pasa a Julian. Y es verdad, todo eso es muy malo cuando no pasa en el Cine. Pero en esta ocasión, esa gente son actores, y cuando llega la noche y se quitan la pintura roja de encima, se juntan todos en un restaurante y cenan y se ríen y celebran que han trabajado todos muy bien. Si todo esto pasara en nuestra calle o en tu colegio sería muy triste y muy malo, pero cuando pasa en una película es porque forma parte de una historia ¿Ves la diferencia?

Volviendo a la película, Julian no cree que hacerle daño a la gente ayude, pero de todas formas piensa que tiene que hacerle caso a su madre. Por eso se mira los puños: son fuertes y y sirven para pegar, pero él no quiere usarlos. Por eso no le sirven de nada y se pone más triste aún.

Al final la madre se enfada mucho más todavía porque Julian no le hace caso, y pide a otras personas que hagan daño al hombre que mató a Billy. Pero, ¿que pasa cuando alguien hace daño a otra persona? ¿Y si esa otra persona luego también quiere venganza porque le han hecho daño? Pues que así estarán todo el rato y no acabará nunca. Y todo el mundo se acabará haciendo daño.

Por eso, al final, también le hacen mucho daño a la mamá de Julian. Y también se muere. Eso significa que Julian no va a volver a verla nunca más. Ahora que está sin papá, sin mamá y sin hermano, Julian está muy solo y más triste que antes.

¿Qué puede hacer Julian ahora? Sólo puede hacer dos cosas: UNA, intentar vengarse como le pedía su mamá y hacerle daño a más gente. O DOS, no hacer nada y dejarlo estar.

Al final, Julian decide dejarlo estar, que ya está bien de gente muriendo. Y para conseguirlo, le pide a la policía que le quiten las manos. Sin manos, seguro, seguro, seguro, seguro, que no podrá hacerle daño a nadie nunca más.



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miércoles

Reseñas para mi hija de tres años: Coraline


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¿Qué te parecería que mamá, tú, y yo nos fuéramos a vivir a otro sitio, muy lejos de aquí? No volveríamos nunca más a esta casa, y tendrías que ir a otro colegio, donde no conocerías a nadie. Pero también tendrías muchos sitios nuevos donde jugar y mucha gente nueva por conocer. Sería triste, pero también sería muy emocionante, ¿verdad?

Pues eso es lo que le pasa a Coraline. Ella es una niña muy lista, y cuando se muda a una casa nueva, llena de gente rara, se aburre porque no tiene amigos. Además, sus padres trabajan mucho, y no le hacen caso, ni juegan con ella. Es un poco triste, ¿verdad?

Pero llega un día que encuentra una puerta hacia otro sitio: a una casa igual que la suya, pero más bonita, y donde todos los que viven allí tienen botones en lugar de ojos. Sus otros padres de ese otro sitio (con botones en los ojos) son mucho mejores que sus padres de verdad, son divertidos, y juegan con ella y le dan de comer todo lo que le gusta.

A Coraline le gusta tanto todo eso que decide quedarse. Pero la mamá del otro lado pone una condición: tiene que cambiarse los ojos por botones. ¿A ti te gustaría? (*) No, claro que no.

Pues como tú, Coraline tampoco quiere perder sus ojos, y la otra mamá se enfada mucho. Tanto, que se le cae el disfraz de mamá buena, y ya no es su mamá sino una bruja. Una bruja con patas de araña que había engañado a la pequeña Coraline para que se quedara allí para siempre.

Coraline consigue escapar y vuelve a su casa de verdad. Pero una vez llega, no encuentra a sus padres, y es porque la bruja se los ha llevado para obligar a Coraline a volver. Por eso la niña vuelve de nuevo a esa otra casa para buscar a sus padres de verdad, y los encuentra. Y también encuentra a otros niños fantasma a los que la bruja había atrapado mucho tiempo antes. Como Coraline ha conseguido hacer enfadar mucho a la bruja, su magia se deshace, y por eso todo ese mundo de mentira se acaba cayendo a trocitos.

Al final, con la ayuda de un gato que habla, y un niño que no habla, consigue escapar de nuevo y encerrar a la bruja en el otro lado. Sólo le queda tirar la llave de la puerta de la casa de la bruja a un pozo muy profundo, y ya no tiene que preocuparse por eso nunca más.

Ahora Coraline está muy feliz, porque está en su verdadera casa. A salvo. Y además, sus padres han terminado el trabajo que tenían y ya vuelven a hacerle caso y a jugar con ella.

Y Fin. ¿Qué opinas? ¿Es eso lo que habías entendido de la historia? Esas son mis preguntas una vez acabo de resumirle la película. A lo que ella contesta: "Cuéntamela otra vez". (**)





(*) En realidad dijo que sí muy convencida. Mi hija prefiere un sencillo par de botones en lugar de sus preciosos ojos verdes...
(**) Y por supuesto, lo hago.


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lunes

Reseñas para mi hija de tres años, o ¿por qué está haciendo eso, papá?


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Mi pequeña se llama Dana. Y con poco más de tres años, está en ese momento en que empieza, no ya a entenderlo todo, sino a cuestionarlo. Y también está consolidando la paciencia necesaria para ver largometrajes de principio a fin. Y claro, nada me hace más ilusión (y me enorgullece más) que ver películas junto a ella.

Por eso, y porque en casa todo lo vemos en versión original, disfrutar de una película se convierte en largos interrogatorios en los que ella pregunta y yo le intento explicar qué está pasando, mientras procuro hacerle entender qué es el Cine y cómo funcionan su trucos de magia. Y les recuerdo que tiene poco más de tres años, (y que yo también estoy intentado entender la película).

Además es evidente que en casa no nos limitamos a ver películas dirigidas al público infantil que (salvo algún ligero guiño) son totalmente accesibles. Y que conste con películas dirigidas a adultos no me refiero, por ejemplo, al tema zombie, que ella maneja con maestría desde hace muchísimo tiempo (supongo que es el signo de los tiempos). Lo verdaderamente complejo son aquellas situaciones cotidianas que, en la vida real de una niña de preescolar, nunca suelen llegar a los límites que alcanzan en el Cine y que, sin disponer de un conocimiento bastante concreto de su significado, es imposible entender de verdad las historias en las que suceden.

Y es aquí donde mi labor como padre se ha autoimpuesto ser totalmente sincero, mantenerme en términos sencillos, y ser tan exhaustivo como sea posible para conseguir que la pequeña Dana entienda (de verdad) las películas que se ven en casa. Ya sean cintas que vemos por ella, o que ella acaba viendo por nosotros.

¿Que cabrá aquí?, pues no acabo de tenerlo claro. Nada ceñudo, nada complejo, puede que cosas que a ojos de adulto parezcan demasiado simples, pero que como experiencia global pueda resultar algo interesante, De momento tengo medio preparadas mis experiencias con las ya esperables Pesadilla antes de Navidad, Coraline, o Only God Forgives...

Será, entonces, esta nueva sección un intento de reproducir las conversaciones y los resúmenes que tengo que improvisar en el momento en que una insistente niña de tres años me pregunta:

¿por qué está haciendo eso, papá?





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