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sábado

Los hombres del Mago: el origen de la leyenda del rey Arturo

arturito

Narrador
Cuenta la leyenda que quién libere la espada de su prisión, será el rey de Inglaterra y el encargado de unificar todos los reinos de la isla. El Mago Merlín, sabe quién es el elegido… y hoy, le desvelará su destino.

Merlín
Ha llegado el momento…hoy sabrás por fin tu destino para el cual has sido instruido.
Liberando esta espada de su yugo…te convertirás en el nuevo Rey de Inglaterra,
Que es por lo que te estado instruyendo hasta ahora.

Futuro Rey de Inglaterra
Pero qué me estas contando… Merlín?
Que quieres que yo sea el nuevo rey de Inglaterra?
Pero tú estás tonto, o qué?!!!
Quieres que me coma yo todo el marrón…
Pero si siempre pasa lo mismo:
traiciones, corrupciones, guerras...
y probablemente me mate un hijo ilegítimo a lo Júlio César
En la puta vida… me entiendes…
En la puta vida…. Me voy yo a comer este marrón
Con lo bien que estoy en mi castillo sin que nadie me moleste
Así que ya te estas buscando otro gilipollas que te arregle esto!

Merlín
Pero no te vayas, tú eres el elegido…
Mierda!
No, si esto me pasa por buscar gente inteligente y preparada.

Arturito
Hola, perdone usted venerable anciano, sin ánimo de molestar…
Pero verá usted… puedo hacerle una pregunta?

Merlín
Mierda! Es el bastardo de Pendragón
A ver, qué coño quieres?

Arturito
No, mire, que si no tendrá usted por casualidad una espada que le sobre…

Merlín
Cómo? Pero tengo pinta de herrero?

Arturito
Es que verá, yo he venido al torneo con mi padre y mi hermano,
Me entiende? Y resulta que por un despite….
Sin ningún tipo de mala intención por mi parte, que conste…
Me he olvidado de traer la espada de mi hermano,
Y claro, ahí está él, en el torneo sin espada…
Entonces mi padre me ha dicho, "Arturito, hijo, tú estás tonto, o que?.
Ya le estas buscando una espada a tu hermano, donde sea".
Y yo le digo que es imposible encontrar una espada así en el medio del bosque.
Y me dice: "Arturito, si por el honor de tu hermano y tu familia hay que encontrar una espada…. Pues se busca y punto!". Y Aquí estoy…”

Merlín
Pues sí, tienes suerte, tengo una espada aquí mismo.
Quieres que te diga dónde la tengo?

Arturito
Hombre, pues dicho así, pues sí que estaría bien…
Y esto, dónde está?

Merlín
En mis cojones…, en mis santos cojones…
Anormal, que eres un anormal…
Anda y vete a tomar por culo, anormal!!!!

Arturito
Oiga, que tampoco es para ponerse así, eh?
Que se lo he pedido con educación!

Merlín
Pero serás gilipollas!!!

Un momento… Pero si éste me viene que ni pintao!
Que yo a éste le vendo la moto, el seguro y la plaza de párking... y lo que haga falta.
Arturito, espera, que era una broma…
Pero que poco sentido del humor que tienes!!!


Narrador
Y es así como se forjó la leyenda
y Arturito consiguió ser el nuevo Rey de Inglaterra.


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miércoles

Carta abierta a J.J. Abrams, Chris Carter, Jeff Lindsay y alguno más que seguro me olvido.

gomas de pollo


El otro día me gruñó una amiguita.

Y no es normal en ella, que es muy limpia, y muy lista, y hace cosas divertidas. Y tampoco lo hizo por lo de las agujas de coser, porque estoy seguro que todavía no lo sabe. Creo que me gruñó porque ya no vengo a jugar con ella. Ni con los demás tampoco.

Y llevo días pensando, y hasta he llorado un poquito, porque quería venir a jugar pero estaba convencido de que me había quedado sin juguetes. Eso es, evidentemente, una metáfora. Porque juguetes tengo un montón, desde la guitarra que se conecta a la consola, hasta la colección de gomas de pollo verdes en montoncitos, que de noche, y con poca luz, parecen espaguetis o gusanos, y que al meter las manos dentro da mucho asco.

Tengo juguetes, pero lo que no tengo es ganas de jugar.

Y gran parte de la culpa es vuestra, J.J. Abrams, Chris Carter, Jeff Lindsay y alguno más que seguro me olvido, porque sois muy listos y muy malos y hacéis vuestro trabajo muy bien.

Pero no os hinchéis de orgullo demasiado pronto, como hacen los cochinillos del pueblo de mi abuela la semana antes de la matanza del cerdo. Que se hacen más y más gordos hasta ese día en el que el aire huele como a hierro oxidado y lloran como niñas tontas. Porque vuestra culpa es sólo una parte. La parte buena, la de reírse y la de cosquillas en las partes que no se pueden decir porque te riñen.

La parte mala es otra: y en ella hay cosas que no os importan mucho; como que mi madre haya tirado mi colección de lenguas porque era una guarrada, y no sabía que iba a ser de mí, y me quisiera menos, y llorara mucho, y ahora me mire raro. Eso son cosas que puedo arreglar yo mismo. Pero hay cosas y cosas que sí que os importan. Y una de ellas es que tampoco hago eso que tanto me gustaba antes que era ir a ver películas, y hablar de ellas mucho y gracioso. La verdad es que ahora me aburro y ya os he dicho que parte de la culpa es vuestra. Pero también os he dicho que no toda.

Porque el cine ya no es divertido. Y me enfado. Y le rompo los pequeños ponys a mi hermanita pequeña, y le pongo uñas cortadas bajo la almohada, hasta que se me pasa el enfado porque me vuelven a reñir. Y no es divertido porque no se parece a lo que hacéis vosotros en la tele, pero también porque se ha convertido en una tontería para que los padres compren palomitas y nachos y cocacolas y chocolates.

Y no hay solución, porque ni a vosotros, que parece que sabéis hacer las cosas chulas, os salen bien cuando os ponéis a trabajar en pantalla grande. ¿Qué pasa? ¿No os dejan? ¿Tan diferente es una cosa de la otra?, ¿o es que me engaño y todo es suerte y yo soy tonto?

Estoy triste.

Así que creo que voy a hacer caso a mi amiguito Marc. Hay que crear nuestra propia industria (sea lo que sea que signifique eso). Yo ya he empezado a rodar mis propias películas. Por ahora sólo sale mi hermanita. Y de momento no las puede ver nadie, para que nadie se enfade, pero estoy seguro que los grandes genios también empezaron así: con una cámara, pocos personajes y un par de centenares de gomas de pollo verdes.

Sigo pendiente a lo que hacéis.



Atentamente,
yume.




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viernes

un exquisito cadáver navideño...

Me complace presentarles lo que será el Segundo Especial tdc! de la historia de esta página. Antes un poco de historia...

Marc Jardí propuso que hiciéramos entre todos un texto con la técnica que los surrealistas llamaron "cadáver exquisito" (ya saben, cada uno escribe un párrafo sin poder leer el resto del texto anterior, basándose sólo en la última línea del que escribió antes), poniendo como condición que el tema fuera "la Navidad". Y este es el resultado.

Varios pensadores han teorizado sobre el significado final de un texto obtenido mediante esta técnica y han llegado a la conclusión que hace aflorar el "inconsciente colectivo" del grupo creador. Si eso es cierto, espero que pasen una felices fiestas lejos de nosotros...

cadaver


No se podía creer que hubiera funcionado. Hacía frío, claro, pero las pequeñas tiras de cuero del abrigo del caballero que yacía inerte en el suelo le hacían gran servicio. Estaba dentro, con el maletín lleno de dinero, una rosa en la solapa y restos de carmín en los dientes. Caminó despacio, seguro de sí mismo. Dejó el maletín y la rosa bajo la cama, como le habían pedido y sonrió. Tal como estaban yendo las cosas, no le sorprendería que en este nuevo año entrante sí que le eligieran como aspirante al trono de mariscal de los ladrones. Incluso se dió cuenta que allí, sólo en la habitación, estaba tarareando canciones navideñas sentada al borde de la cama, mientras evalúa el año que pronto acabará. Segundos después cierra su boca, creándose el más ensordecedor de todos los silencios. Ella mira fijamente la ventana abierta, la brisa mueve las cortinas. Humo de luz entra por la ventana, lentamente. Ella sonríe, el espíritu de la navidad nunca falta a su cita. Ella se levanta y el humo de luz rodea su cuerpo, casi como una caricia, Ella ríe y baila en la habitación. Y levita. Ella lleva puesto un pijama de seda azul. De ojos y cabellos negros, de piel más blanca que la nieve. Juntos emprenden el vuelo fuera de la habitación, y se transforman en una estrella. Siempre terminaba por darse cuenta, al final, de cómo odiaba esas fiestas. Y no era el único: hasta los zombis del centro comercial parecían pedir con los ojos la llegada de enero. Ese odio irracional a las reuniones familiares, falsas sonrisas, excesos de amabilidad, cenas de empresa, etc,.. lo ponían tan enfermo! Tanto que ponía en duda su capacidad de empatía con los que lo rodeaban en su vida, que se sorprendió al darle un par de monedas sueltas que tenía en el bolsillo a los chiquillos que habían ido a cantarle villancicos en la puerta de su casa. ¿Sería el espíritu navideño? ¡Que tontería! Él, que no creía en esas cosas, que no entendía porqué a la gente le podía hacer feliz regalar cosas a los demás. Y lo encontraba cínico. Sólo en Navidad la gente se acordaba de los más necesitados, ignorándolos el resto del año… Sí, pero por alguna extraña razón que desconocía, les había dado esas monedas que alegraron tanto a eso chavales,… Pero, ¿qué coño hacía pensando en esas gilipolleces...? tenía trabajo que hacer, y no podía perder tiempo. Bajó lentamente las escaleras del sótano, para acabar la faena antes de que llegase la policía. No había terminado la faena cuando, sin avisar, entraron tres agentes, dos blancos y un tercero de color, evidentemente de color negro, y se dirigieron con rapidez hacia el sótano. Al bajar las escaleras, lo que allí vieron les dejo perplejos, paralizados en un primer momento. El trabajo, sin duda, era de un profesional, sin mediar palabra ocuparon ordenadamente sus puestos en el belén de aquel sótano como los tres reyes magos, ofreciéndole al vástago recién nacido los trofeos de sus víctimas como si fueran regalos. Parecía que hubiera pasado una guerra en ese lugar sagrado. Los pedazos de carne y tripas esparcidos por todos los lugares y las caras desfiguradas de sus víctimas hacían de ese belén una visión apocalíptica. Una leve sonrisa se dibujó en el rostro del niño al tomar el hacha con la que había comenzado la masacre. Observó su obra. Se deleitó con ella. Sabía que todo cambiaría desde aquel instante y no le importó. Simplemente había hecho lo que estaba predestinado que sucedería. Había sido una mano ejecutora, nada más. Y de lejos, tenue, un vinilo sonanba: "Blue Velvet" de Bobby Vinton. Se regodeó. Lo consideró adecuado. Limpió el hacha con la manga y se fue a dormir. Mañana pensaría qué hacer. Ahora tocaba descansar.



Autores (alfabéticamente): álex, DangerminD, hombre lobo, jack sparrow, madmax, marc jardí, raistlin, yume.
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comunes

miércoles

CLOVERFIELD, el spoiler!!

Ya seas un seguidor de los cultos primigenios, un admirador de Unspeakable Vault of Doom, un fanático de J.J. Abrams, o un cazador de primicias...,

si esta imagen no te parece la más bella del año es que no hay un palpitante corazón en lo profundo de tu pecho!

cloverfield_spoiler

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This is Cthulhaaaaaah!

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No he podido evitarlo.
Seguramente ya lo conocerán, pero para mí ha sido todo un descubrimiento:

The Uspeakable Vault (of Doom)

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y2_2

viernes

La Noche que Paul Giamatti destruyó el Mundo

megagiamatti



Anoche soñé que Paul Giamatti crecía, se hacía gigante y destruía el mundo.

Y se reía, con las enormes Uzi que le salían de detrás del cráneo, mientras aplastaba sin piedad a todos aquellos que se se burlaban de "La joven del Agua".

Si no recuerdo mal, empezó destruyendo el edificio del Senado español.
Hubo muchas víctimas.


Inspiración: Paul Robertson


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y2_2



miércoles

Collage_2






Collage/Serie – Una vez más Los Planetas tienen la razón.





1

2

3


Cine
Cinema
Cinemarc


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marc2_1

Collage_1






Collage/Serie –
La historia podría ser interesante, pero dejemos que las imágenes se justifiquen por sí solas.





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c3


    Cine
    Cinema
    Cinemarc


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viernes

"El cuento de navidad de Auggie Wren"

auggie


Le oí este cuento a Auggie Wren. Dado que Auggie no queda demasiado bien en él, por lo menos no todo lo bien que a él le habría gustado, me pidió que no utilizara su verdadero nombre. Aparte de eso, toda la historia de la cartera perdida, la anciana ciega y la comida de Navidad es exactamente como él me la contó.

Auggie y yo nos conocemos desde hace casi once años. Él trabaja detrás del mostrador de un estanco en la calle Court, en el centro de Brooklyn, y como es el único estanco que tiene los puritos holandeses que a mí me gusta fumar, entro allí bastante a menudo. Durante mucho tiempo apenas pensé en Auggie Wren. Era el extraño hombrecito que llevaba una sudadera azul con capucha y me vendía puros y revistas, el personaje pícaro y chistoso que siempre tenía algo gracioso que decir acerca del tiempo, de los Mets o de los políticos de Washington, y nada más.

Pero luego, un día, hace varios años, él estaba leyendo una revista en la tienda cuando casualmente tropezó con la reseña de un libro mío. Supo que era yo porque la reseña iba acompañada de una fotografía, y a partir de entonces las cosas cambiaron entre nosotros. Yo ya no era simplemente un cliente más para Auggie, me había convertido en una persona distinguida. A la mayoría de la gente le importan un comino los libros y los escritores, pero resultó que Auggie se consideraba un artista. Ahora que había descubierto el secreto de quién era yo, me adoptó como a un aliado, un confidente, un camarada. A decir verdad, a mí me resultaba bastante embarazoso. Luego, casi inevitablemente, llegó el momento en que me preguntó si estaría yo dispuesto a ver sus fotografías. Dado su entusiasmo y buena voluntad, no parecía que hubiera manera de rechazarle.

Dios sabe qué esperaba yo. Como mínimo, no era lo que Auggie me enseñó al día siguiente. En una pequeña trastienda sin ventanas abrió una caja de cartón y sacó doce álbumes de fotos negros e idénticos. Dijo que aquélla era la obra de su vida, y no tardaba más de cinco minutos al día en hacerla. Todas las mañanas durante los últimos doce años se había detenido en la esquina de la Avenida Atlantic y la calle Clinton exactamente a las siete y había hecho una sola fotografía en color de exactamente la misma vista. El proyecto ascendía ya a más de cuatro mil fotografías. Cada álbum representaba un año diferente y todas las fotografías estaban dispuestas en secuencia, desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre, con las fechas cuidadosamente anotadas debajo de cada una.

Mientras hojeaba los álbumes y empezaba a estudiar la obra de Auggie, no sabía qué pensar. Mi primera impresión fue que se trataba de la cosa más extraña y desconcertante que había visto nunca. Todas las fotografías eran iguales. Todo el proyecto era un curioso ataque de repetición que te dejaba aturdido, la misma calle y los mismos edificios una y otra vez, un implacable delirio de imágenes redundantes. No se me ocurría qué podía decirle a Auggie; así que continué pasando las páginas, asintiendo con la cabeza con fingida apreciación. Auggie parecía sereno, mientras me miraba con una amplia sonrisa en la cara, pero cuando yo llevaba ya varios minutos observando las fotografías, de repente me interrumpió y me dijo:

—Vas demasiado deprisa. Nunca lo entenderás si no vas más despacio.

Tenía razón, por supuesto. Si no te tomas tiempo para mirar, nunca conseguirás ver nada. Cogí otro álbum y me obligué a ir más pausadamente. Presté más atención a los detalles, me fijé en los cambios en las condiciones meteorológicas, observé las variaciones en el ángulo de la luz a medida que avanzaban las estaciones. Finalmente pude detectar sutiles diferencias en el flujo del tráfico, prever el ritmo de los diferentes días (la actividad de las mañanas laborables, la relativa tranquilidad de los fines de semana, el contraste entre los sábados y los domingos). Y luego, poco a poco, empecé a reconocer las caras de la gente en segundo plano, los transeúntes camino de su trabajo, las mismas personas en el mismo lugar todas las mañanas, viviendo un instante de sus vidas en el objetivo de la cámara de Auggie.

Una vez que llegué a conocerles, empecé a estudiar sus posturas, la diferencia en su porte de una mañana a la siguiente, tratando de descubrir sus estados de ánimo por estos indicios superficiales, como si pudiera imaginar historias para ellos, como si pudiera penetrar en los invisibles dramas encerrados dentro de sus cuerpos. Cogí otro álbum. Ya no estaba aburrido ni desconcertado como al principio. Me di cuenta de que Auggie estaba fotografiando el tiempo, el tiempo natural y el tiempo humano, y lo hacía plantándose en una minúscula esquina del mundo y deseando que fuera suya, montando guardia en el espacio que había elegido para sí. Mirándome mientras yo examinaba su trabajo, Auggie continuaba sonriendo con gusto. Luego, casi como si hubiera estado leyendo mis pensamientos, empezó a recitar un verso de Shakespeare.

—Mañana y mañana y mañana —murmuró entre dientes—, el tiempo avanza con pasos menudos y cautelosos.

Comprendí entonces que sabía exactamente lo que estaba haciendo.

Eso fue hace más de dos mil fotografías. Desde ese día Auggie y yo hemos comentado su obra muchas veces, pero hasta la semana pasada no me enteré de cómo había adquirido su cámara y empezado a hacer fotos. Ése era el tema de la historia que me contó, y todavía estoy esforzándome por entenderla.

A principios de esa misma semana me había llamado un hombre del New York Times y me había preguntado si querría escribir un cuento que aparecería en el periódico el día de Navidad. Mi primer impulso fue decir que no, pero el hombre era muy persuasivo y amable, y al final de la conversación le dije que lo intentaría. En cuanto colgué el teléfono, sin embargo, caí en un profundo pánico. ¿Qué sabía yo sobre la Navidad?, me pregunté. ¿Qué sabía yo de escribir cuentos por encargo?

Pasé los siguientes días desesperado; guerreando con los fantasmas de Dickens, O. Henry y otros maestros del espíritu de la Natividad. Las propias palabras "cuento de Navidad" tenían desagradables connotaciones para mí, en su evocación de espantosas efusiones de hipócrita sensiblería y melaza. Ni siquiera los mejores cuentos de Navidad eran otra cosa que sueños de deseos, cuentos de hadas para adultos, y por nada del mundo me permitiría escribir algo así. Sin embargo, ¿cómo podía nadie proponerse escribir un cuento de Navidad que no fuera sentimental? Era una contradicción en los términos, una imposibilidad, una paradoja. Sería como tratar de imaginar un caballo de carreras sin patas o un gorrión sin alas.

No conseguía nada. El jueves salí a dar un largo paseo, confiando en que el aire me despejaría la cabeza. Justo después del mediodía entré en el estanco para reponer mis existencias, y allí estaba Auggie, de pie detrás del mostrador, como siempre. Me preguntó cómo estaba. Sin proponérmelo realmente, me encontré descargando mis preocupaciones sobre él.

—¿Un cuento de Navidad? —dijo él cuando yo hube terminado. ¿Sólo es eso? Si me invitas a comer, amigo mío, te contaré el mejor cuento de Navidad que hayas oído nunca. Y te garantizo que hasta la última palabra es verdad.

Fuimos a Jack’s, un restaurante angosto y ruidoso que tiene buenos sandwiches de pastrami y fotografías de antiguos equipos de los Dodgers colgadas de las paredes. Encontramos una mesa al fondo, pedimos nuestro almuerzo y luego Auggie se lanzó a contarme su historia.

—Fue en el verano del setenta y dos —dijo. Una mañana entró un chico y empezó a robar cosas de la tienda. Tendría unos diecinueve o veinte años, y creo que no he visto en mi vida un ratero de tiendas más patético. Estaba de pie al lado del expositor de periódicos de la pared del fondo, metiéndose libros en los bolsillos del impermeable. Había mucha gente junto al mostrador en aquel momento, así que al principio no le vi. Pero cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, empecé a gritar. Echó a correr como una liebre, y cuando yo conseguí salir de detrás del mostrador, él ya iba como una exhalación por la avenida Atlantic. Le perseguí más o menos media manzana, y luego renuncié. Se le había caído algo, y como yo no tenía ganas de seguir corriendo me agaché para ver lo que era.

"Resultó que era su cartera. No había nada de dinero, pero sí su carnet de conducir junto con tres o cuatro fotografías. Supongo que podría haber llamado a la poli para que le arrestara. Tenía su nombre y dirección en el carnet, pero me dio pena. No era más que un pobre desgraciado, y cuando miré las fotos que llevaba en la cartera, no fui capaz de enfadarme con él. Robert Goodwin. Así se llamaba. Recuerdo que en una de las fotos estaba de pie rodeando con el brazo a su madre o abuela. En otra estaba sentado a los nueve o diez años vestido con un uniforme de béisbol y con una gran sonrisa en la cara. No tuve valor. Me figuré que probablemente era drogadicto. Un pobre chaval de Brooklyn sin mucha suerte, y, además, ¿qué importaban un par de libros de bolsillo?

"Así que me quedé con la cartera. De vez en cuando sentía el impulso de devolvérsela, pero lo posponía una y otra vez y nunca hacía nada al respecto. Luego llega la Navidad y yo me encuentro sin nada que hacer. Generalmente el jefe me invita a pasar el día en su casa, pero ese año él y su familia estaban en Florida visitando a unos parientes. Así que estoy sentado en mi piso esa mañana compadeciéndome un poco de mí mismo, y entonces veo la cartera de Robert Goodwin sobre un estante de la cocina. Pienso qué diablos, por qué no hacer algo bueno por una vez, así que me pongo el abrigo y salgo para devolver la cartera personalmente.

"La dirección estaba en Boerum Hill, en las casas subvencionadas. Aquel día helaba, y recuerdo que me perdí varias veces tratando de encontrar el edificio. Allí todo parece igual, y recorres una y otra vez la misma calle pensando que estás en otro sitio. Finalmente encuentro el apartamento que busco y llamo al timbre. No pasa nada. Deduzco que no hay nadie, pero lo intento otra vez para asegurarme. Espero un poco más y, justo cuando estoy a punto de marcharme, oigo que alguien viene hacia la puerta arrastrando los pies. Una voz de vieja pregunta quién es, y yo contesto que estoy buscando a Robert Goodwin.

"—¿Eres tú, Robert? —dice la vieja, y luego descorre unos quince cerrojos y abre la puerta.

"Debe tener por lo menos ochenta años, quizá noventa, y lo primero que noto es que es ciega.

"—Sabía que vendrías, Robert —dice—. Sabía que no te olvidarías de tu abuela Ethel en Navidad.

"Y luego abre los brazos como si estuviera a punto de abrazarme.

"Yo no tenía mucho tiempo para pensar, ¿comprendes? Tenía que decir algo deprisa y corriendo, y antes de que pudiera darme cuenta de lo que estaba ocurriendo, oí que las palabras salían de mi boca.

"—Está bien, abuela Ethel —dije—. He vuelto para verte el día de Navidad.

"No me preguntes por qué lo hice. No tengo ni idea. Puede que no quisiera decepcionarla o algo así, no lo sé. Simplemente salió así y de pronto, aquella anciana me abrazaba delante de la puerta y yo la abrazaba a ella.

"No llegué a decirle que era su nieto. No exactamente, por lo menos, pero eso era lo que parecía. Sin embargo, no estaba intentando engañarla. Era como un juego que los dos habíamos decidido jugar, sin tener que discutir las reglas. Quiero decir que aquella mujer sabía que yo no era su nieto Robert. Estaba vieja y chocha, pero no tanto como para no notar la diferencia entre un extraño y su propio nieto. Pero la hacía feliz fingir, y puesto que yo no tenía nada mejor que hacer, me alegré de seguirle la corriente.

"Así que entramos en el apartamento y pasamos el día juntos. Aquello era un verdadero basurero, podría añadir, pero ¿qué otra cosa se puede esperar de una ciega que se ocupa ella misma de la casa? Cada vez que me preguntaba cómo estaba yo le mentía. Le dije que había encontrado un buen trabajo en un estanco, le dije que estaba a punto de casarme, le conté cien cuentos chinos, y ella hizo como que se los creía todos.

"—Eso es estupendo, Robert —decía, asintiendo con la cabeza y sonriendo. Siempre supe que las cosas te saldrían bien.

"Al cabo de un rato, empecé a tener hambre. No parecía haber mucha comida en la casa, así que me fui a una tienda del barrio y llevé un montón de cosas. Un pollo precocinado, sopa de verduras, un recipiente de ensalada de patatas, pastel de chocolate, toda clase de cosas. Ethel tenía un par de botellas de vino guardadas en su dormitorio, así que entre los dos conseguimos preparar una comida de Navidad bastante decente. Recuerdo que los dos nos pusimos un poco alegres con el vino, y cuando terminamos de comer fuimos a sentarnos en el cuarto de estar, donde las butacas eran más cómodas. Yo tenía que hacer pis, así que me disculpé y fui al cuarto de baño que había en el pasillo. Fue entonces cuando las cosas dieron otro giro. Ya era bastante disparatado que hiciera el numerito de ser el nieto de Ethel, pero lo que hice luego fue una verdadera locura, y nunca me he perdonado por ello.

"Entro en el cuarto de baño y, apiladas contra la pared al lado de la ducha, veo un montón de seis o siete cámaras. De treinta y cinco milímetros, completamente nuevas, aún en sus cajas, mercancía de primera calidad. Deduzco que eso es obra del verdadero Robert, un sitio donde almacenar botín reciente. Yo no había hecho una foto en mi vida, y ciertamente nunca había robado nada, pero en cuanto veo esas cámaras en el cuarto de baño, decido que quiero una para mí. Así de sencillo. Y, sin pararme a pensarlo, me meto una de las cajas bajo el brazo y vuelvo al cuarto de estar.

"No debí ausentarme más de unos minutos, pero en ese tiempo la abuela Ethel se había quedado dormida en su butaca. Demasiado Chianti, supongo. Entré en la cocina para fregar los platos y ella siguió durmiendo a pesar del ruido, roncando como un bebé. No parecía lógico molestarla, así que decidí marcharme. Ni siquiera podía escribirle una nota de despedida, puesto que era ciega y todo eso, así que simplemente me fui. Dejé la cartera de su nieto en la mesa, cogí la cámara otra vez y salí del apartamento. Y ése es el final de la historia.

—¿Volviste alguna vez? —le pregunté.

—Una sola —contestó. Unos tres o cuatro meses después. Me sentía tan mal por haber robado la cámara que ni siquiera la había usado aún. Finalmente tomé la decisión de devolverla, pero la abuela Ethel ya no estaba allí. No sé qué le había pasado, pero en el apartamento vivía otra persona y no sabía decirme dónde estaba ella.

—Probablemente había muerto.

—Sí, probablemente.

—Lo cual quiere decir que pasó su última Navidad contigo.

—Supongo que sí. Nunca se me había ocurrido pensarlo.

—Fue una buena obra, Auggie. Hiciste algo muy bonito por ella.

—Le mentí y luego le robé. No veo cómo puedes llamarle a eso una buena obra.

—La hiciste feliz. Y además la cámara era robada. No es como si la persona a quien se la quitaste fuese su verdadero propietario.

—Todo por el arte, ¿eh, Paul?

—Yo no diría eso. Pero por lo menos le has dado un buen uso a la cámara.

—Y ahora tienes un cuento de Navidad, ¿no?

—Sí —dije—. Supongo que sí.

Hice una pausa durante un momento, mirando a Auggie mientras una sonrisa malévola se extendía por su cara. Yo no podía estar seguro, pero la expresión de sus ojos en aquel momento era tan misteriosa, tan llena del resplandor de algún placer interior, que repentinamente se me ocurrió que se había inventado toda la historia. Estuve a punto de preguntarle si se había quedado conmigo, pero luego comprendí que nunca me lo diría. Me había embaucado, y eso era lo único que importaba. Mientras haya una persona que se la crea, no hay ninguna historia que no pueda ser verdad.

—Eres un as, Auggie —dije—. Gracias por ayudarme.

—Siempre que quieras —contestó él, mirándome aún con aquella luz maníaca en los ojos. Después de todo, si no puedes compartir tus secretos con los amigos, ¿qué clase de amigo eres?

—Supongo que estoy en deuda contigo.

—No, no. Simplemente escríbela como yo te la he contado y no me deberás nada.

—Excepto el almuerzo.

—Eso es. Excepto el almuerzo.

Devolví la sonrisa de Auggie con otra mía y luego llamé al camarero y pedí la cuenta.



Paul Auster,
Smoke & Blue in the face, Editorial Anagrama.


__________

otros

El Retorno del Jedi - por David Lynch


EL RETORNO DEL JEDI
PRIMER ESBOZO
por David Lynch

(3-10-1981)


rotj



En Negro, Angelo (Badalamenti) hace una versión swing de la Marcha Imperial.

Se abre el fundido y vemos entre sombras un reflejo de cigarro y tras él, el rostro de Luke. La marcha imperial se funde de forma estridente y pasa a ser una música alegre y festiva. Suena el intercomunicador del joven. Despacio lo conecta y escucha entre estática:

-“...ha...sta...idos

Evidentemente, Luke no entiende nada, pero parece no importarle.

En un pequeño inserto, vemos implosionar los restos de la 2ª Estrella de la Muerte.

Serio, Luke apaga el cigarro, coge su sable laser, su saxo y sale a escena. Entre el variado público podemos ver un palco que llama la atención más que los demás. Allí detectamos a Jabba El Hutt, un Monstruoso Gusano que se ha hecho poderoso a costa de traficar con especias de Arrakis. Tras el monstruo, vemos a Han Solo convertido en estatua.

Luke empieza a tocar una versión enloquecida de la canción de la Cantina de Mos Eisley. Mientras toca, vemos en colores llamativos pequeños flashbacks. Vemos a los tíos de Luke morir abrasados; vemos a Ben Kenobi arrodillado y mutilado, suplicando por su vida ante el malvado Vader; vemos a Han convertirse en estatua; vemos a Vader amputar el brazo de Luke, mientras ríe y le dice que es su puto padre.

Volvemos a ver implosionar la Estrella de la Muerte.

En el momento álgido de su actuación, Luke distingue a Leia (con una perfecta peluca) rubia tontear con Jabba, los celos del joven le llevan a terminar de forma precipitada y enloquecida. Casi de forma inconsciente, con rabia y odio en los ojos, se lanza a la platea en dirección a al gusano. Mutila y destroza a cientos de esbirros deformes de Jabba, salta de forma sobrehumana hacia el palco con el sable en alto… y nos deslumbra un fundido a blanco.

…Luke se despierta en el camastro de una pequeña habitación. Está arropado con la horrenda chaqueta de cuero de serpiente. La mira sorprendido, sale de la habitación y se adentra en un extraño salón de una vieja cabaña. Alrededor una mesa de madera, con varios deliciosos cafés y un par de cajas de pasteles, entrevemos a través de la deslumbrante luz a Leia sin la peluca rubia, y Han sonriendo e invitándolo a ese delicioso liquido de los dioses. Ambos con una inquietante sonrisa en la boca. Luke no acaba de entender lo que ha pasado. Se asoma por el marco de madera de la ventana y vemos con él un frondoso bosque de coníferas. Hasta donde alcanza la vista sólo hay bosque y más bosque.

-“¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Chewie?”- pregunta el joven Jedi.
-“¿Te refieres a ese maleducado gran danés que tenías? ¿No lo recuerdas…? Tuviste que sacrificarlo hace dos lunas para poder calentarte con sus tripas cuando te perdiste en el glaciar buscando a Ben… Y vaya por dios que me alegro, maldito chucho apestoso!"

Ambos ríen y le dan otro gran sorbo al café ante la estupefacta mirada de Luke: no recuerda haberlo hecho.

Han se levanta, entra en la habitación y se vuelve a poner su chaqueta de serpiente

-“Esta chaqueta de piel de serpiente simboliza mi individualidad y mi creencia en la libertad personal…, deberías probar la tarta de frambuesa

Luke les mira desconfiado. Leia roza la mano de Han al coger un trozo de tarta y entrevemos la tensión sexual. También entrevemos los celos del joven.

Volvemos a ver implosionar la Estrella de la Muerte. También vemos arder la cabaña de la montaña y a Vader entrar dentro. (NOTA MENTAL: ¿a que mola? Igual lo pongo marcha atrás y todo…)

-“¿Donde estamos?”, pregunta Luke.
-“En la tercera Luna de Endor…, fue idea tuya, Luke. ¿Qué te está pasando?", dice Leia preocupada.

Luke calla y escucha los planes que él mismo parece haber diseñado tiempo atrás: El Imperio está reconstruyendo la Estrella de la Muerte y piensan arrasar la galaxia. En esa luna de Endor está el control del campo de fuerza que forma el escudo del satélite, si lo destruyen, podrán atacar directamente a la Estrella y destruirla de forma definitiva (NOTA MENTAL: la conversación y la decisión de poner YA en marcha el plan ha de acabar con la versión “sui generis” del star wars main theme de Badalamenti.)

Fundido a negro. Noche cerrada. Cuando se abre distinguimos a duras penas a Leia entrar en la habitación de Han a hurtadillas. Luke está en la sala, oculto entre sombras, rabioso, y lo ve. Luke coge su sable y empieza a acercarse a la puerta cerrada. Cuando apoya su mano libre en el marco brillante por el reflejo del sable, se empieza a escuchar desde dentro música atronadora en alemán. Luke, confundido, se aleja despacio.

Esa misma noche, tras varias pesadillas sobre snaff movies con enanos en habitaciones blanquinegras, Luke sale (despacio también) de su habitación y deja una nota pegada con un imán en la nevera “Hacedlo sin mí, yo debo enfrentar mi propio destino” y sale de la cabaña no sin antes coger un pedazo de esa deliciosa tarta de frambuesa.

Por la mañana Leia lee la nota y presiente que algo malo va a suceder. “Algo malo va a suceder!” le grita a Han y en ese mismo momento, un enano renqueante con una media en la cabeza, con orejas de peluche encima, que baila marcha atrás, (con una lanza en sus manos) entra al asalto por la ventana. Y tras él cientos de enanos con similares características.

Atada y amordazada, no puede hacer más que ver salir a Han de la habitación con su pistola Mauser C96 en la mano, vestido únicamente con su reluciente chaqueta de piel. De la misma forma, los enanos danzarines, tras verle relucir en el viscoso color serpiente, le toman por un dios y acaban por decidir ayudarlos en su tarea antiimperialista. (NOTA MENTAL: igual pongo algún inserto bizarro aquí también, que me da pereza escribir los diálogos marcha atrás)

(NOTA MENTAL: A partir de aquí todo ha de ir endiabladamente rápido. Pedir a Angelo más jazz enloquecido)

Luke usa sus poderes jedi para llegar hasta su padre, el perrito guardián encuerado del malvado emperador. Una vez allí, le intentan arrastrar al lado oscuro explicándoles su historia: Luke en realidad se llama Junior, y fue secuestrado por un par de granjeros paletos del desierto de Tatooine. Que iba a ser el más malo de la galaxia, pero que el secuestro lo ha convertido en el llorón nenaza que es en la actualidad. Además, que sepa que la Estrella de la Muerte funciona a pleno rendimiento, que es todo una trampa y tal.

Mientras vemos el ataque rebelde (más los enanos peludos) a la estación de Endor. Los acondroplásicos de peluche van muriendo como escoria carne de cañón que son…, pero de forma heroica, Han y Leia llegan al transmisor de campo de fuerza y lo destruyen. No sin que muera Han tras volarse la cabeza con su Mauser C96 al tropezar con el cadáver de algún bicho. Leia coge su transmisor y entre sollozos anuncia ”Lider Rojo esperando fase 2… Han ha muerto

Ajeno a esto, Luke, totalmente fuera de sí, dos pueblos más allá del lado oscuro, convence violentamente a su padre (le arranca el respirador laringeo que tenía desde que le operaron por el cáncer) para derrocar al Emperador Palpatine, que acaba defenestrado por un sumidero de la Estrella. Herido de muerte por la lucha, Vader perdona a su hijo. Tras varios flashbacks en los que vemos la muerte de Ben, el brazo amputado del joven jedi y la quema de sus “tíos”, Luke no acepta su perdón y le remata sin piedad.

En una febril carrera por encontrar un transmisor mientras todo se derrumba por el ataque de los rebeldes (NOTA MENTAL: aquí, marcha imperial desbocada a un volumen infernal), finalmente encuentra un modelo antiguo en la mano muerta de un obrero autónomo muerto en plena reconstrucción. Tras desbloquear la pantalla con el logo del imperio, intenta llamar a Leia para advertirle de que van a disparar la Estrella (no le importa si vive o no, pero aún quiere beneficiársela)…, pero ella comunica. Sin saber a quién, deja un mensaje a las hondas

-“Salid de ahí, estáis jodidos!!!”.

Vemos por fin explosionar la Estrella de la muerte, no sin antes ver un gigantesco último rayo mortal salir de la estación imperial hacia los rebeldes de Endor.

Una gran explosión deja inconsciente a nuestro protagonista y mientras se nubla su vista, nosotros pasamos a ver…

En Negro, Angelo (Badalamenti) hace una versión swing de la Marcha Imperial.
Se abre el fundido y vemos entre sombras un reflejo de cigarro y tras él, el rostro de Luke. La marcha imperial se funde de forma estridente y pasa a ser una música alegre y festiva. Suena el intercomunicador del joven. Despacio lo conecta y escucha entre estática:

-“...ha...sta...idos!!!

Evidentemente, Luke no entiende, pero parece no importarle.

Fundido a negro.

Música de saxo, calmada. Se abre de negro con un pensativo Luke tumbado en la cama. Le vemos ligeramente diferente. Oímos ruido de agua corriente en el lavabo de la habitación. Luke, despacio, pensativo se levanta. Se viste con calma, se apoya en la puerta de la habitación y mira hacia el lavabo. Tras un par de segundos, coge del perchero fuera de campo su vieja chaqueta de piel de serpiente, sonríe y sale por la puerta.

Leia sale del baño secándose con una toalla. En ese momento, suena su móvil. Coge deprisa la llamada mientras observa la cama fuera de campo.

-“¿Si?
-"Lider Rojo esperando fase 2… Han ha muerto” Dice una voz llorosa.

Leia mira el número en la pantalla de su móvil: “Unknown”. Se extraña un momento, pero al segundo sonríe y empieza a hablar.

-“¿Te lo puedes creer?, “Han ha muerto” jejejeje… ¿Quién diablos sería?

Mientras tanto, se acerca a la cama y finalmente la vemos acariciar el flequillo de un apaciblemente dormido Han Solo.

Versión de Bowie de la Fanfarria "Star Wars Main Theme" mientras la cámara sale por la ventana, se lanza edificio abajo y empezamos a seguir a Luke mientras se monta en un Cadillac rojo descapotable y sale a toda velocidad de la ciudad…

TITULOS DE CRÉDITO…

(NOTA MENTAL: es un poco osado, pero creo que el embrollo sexual le acabará gustando a George (Lucas))

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NOTA: Esto no hubiera sido posible sin la enorme idea de Noel y Eki

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Mi Vecino Cthulhu

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Mi mamá está muy enferma, mucho, mucho, y creo que ese es el principio de esta historia. Me llamo Satsuki y tengo 9 años, y tengo un papá un poco despistado que para dormir nos cuenta extraños cuentos de duendes, fantasmas y trolls (“tororus” según mi hermanita) del bosque (ese sería el otro principio de esta historia), y también tengo esa hermanita de 5 años que se llama Mei (y ese sería el tercer principio).

Para que mamá se cure nos hemos mudado al campo y ella está en ese hospital tan bueno del que todos hablan. Aún no conocemos a nadie. No es que estemos solas, somos dos hermanas bastante unidas, pero aún no ha empezado el colegio y la verdad es que estoy bastante aburrida. Lo único divertido por aquí es ese árbol que hay en la parte de atrás de la casa. Un enorme alcanforero con una gigantesca cuerda ritual. Papá dice que es para protegernos, pero no sé que puede hacer por nosotros un trozo de corcho con una soga liada a la espalda…

Pero en ese árbol pasan cosas extrañas. El otro día me pareció ver pequeñas bolas peludas rodar hasta su interior. Creo que papá nos mete demasiadas tonterías en la cabeza. Y sinceramente, creo que a Mei le vendría bien que dejaran de contarle historias de monstruos. Hace unos días entró corriendo en mi habitación riendo como una posesa y balbuceando cosas raras. Cuando se calmó me acabó contando que había estado jugando con un enorme “tororu” azul salido del árbol. Pero no lo contaba de broma, como cuando explica que su zapato izquierdo quiere ir hacia la derecha y que por eso está tirada en el suelo, ni como cuando jugamos a que los papás creyeran que yo era ella, y ella era yo, porque el Sr. del armario nos había intercambiado los cerebros. No, estaba contenta de verdad porque había hecho un amigo. Por mucho que me enfadé porque era una mentirosa, no dejó de decir que era cierto.

Y luego llamaron por teléfono.

Lo cogí yo, claro, como siempre. Y me dijeron que si estaba mi papá, y le dije al hombre del teléfono que no, y me dijo que tenían que hablar con él, que mi mamá estaba peor, y entonces no sé qué más me dijo porque yo empecé a llorar y ya no le entendía, y Mei también lloraba, y se fue corriendo, y no sé qué más pasó hasta que llegó papá con la compra y se fue corriendo al hospital muy preocupado porque no encontraba a Mei.

Pero yo sabía dónde estaba Mei. Pero lo que no sabía era lo que me iba a encontrar. No esperaba verla jugar con su “amigo”. Ni esperaba encontrarme un altar en forma de extraño vehículo-gato donde mi desnuda hermanita estaba atada con esa gigantesca cuerda ceremonial. Y el enorme ser que oficiaba era tan terrible, a la vez que adorable… Era como un deforme muñeco de peluche azul, tan precioso que dolía, pero tan feo que daba un obsceno placer mirarlo. Y todas esas diminutas negras criaturas danzarinas, cantando y sollozando:

Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fthagn

Era tan hipnótico, tan cercano al éxtasis, tan catártico… que me tuve que unir.
Por supuesto.

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lunes

Carta llena de esperanza a Christophe Gans: Epílogo

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Estimado Sr. Gans.

Lo primero que debo decirle es que Rambo está bien. Bueno, en realidad está enfermo y no come demasiado, pero yo no tengo nada que ver.

Bueno... No se lo he dicho a nadie, pero creo que mi perrito se ha comido parte de mi colección de lenguas, esa que ya le expliqué que había estado ordenando por frascos de colores en la estantería sobre mi cama. Supongo que lo recordará. Y desde entonces vomita mucho, y no come casi nada, y mi cama huele raro.

Pero yo no le he hecho nada. De verdad.
Y sé que hay gente que no me cree.

Muchos amiguitos se habían preocupado porque le comenté en mi otra carta que le haría daño a mi perrito si no me gustaba su película de Silent Hill. Bueno, en realidad no fueron “muchos”, sólo se preocupó mi amiguita Aura. Ellá sí que es buena, y no como el Juanito de mi clase, que me roba el bocadillo y me tira al suelo, y me pisa los pelos y el reloj. Ella es la niña más buena de todas, aunque ahora esté bajo un encantamiento. Cuando alguien encuentre la palabra mágica y la diga tres veces en voz alta, sé que podrá volver... Pero de todas formas quiero que sepa que yo no le he hecho nada a mi perrito.

Y eso es porque al final, sí que me gustó la película, Sr. Gans. Y pasé miedo, y me reí con risa nerviosa de esa que sale de la parte de abajo de la barriga cuando encuentras las revistas cochinillas del abuelo, o como cuando te soplan flojito detrás de la oreja. De esa. Y me lo pasé muy bien, aunque no sé por qué ha hecho algunos cambios raros, ni sé porqué la foto que tanto me gusta casi no se ve entre tantas cucarachas y bichejos...

Pero no me enfadé mucho, ¿eh? Sólo un poquito. ¿Y sabe porqué me enfadé un poco? Porque no ha entendido una cosa importante, Sr. Gans: Silent Hill son mis pesadillas, y las suyas, y estoy seguro que ahora las de Rambo también. Silent Hill es cuando te despiertas por la noche y gritas “mamá” aunque te dé vergüenza porque ya eres mayor. Es cuando has hecho algo malo y no puedes dejar de pensar en ello y se hace grande y feo y te duele y te avergüenzas y te persigue y no se va y no te deja dormir y al final, cuando te duermes, se convierte en un enorme monstruo con cabeza de pirámide.

Y yo creo que eso no lo ha entendido. Pero no pasa nada, porque sí que ha entendido muchas otras cosas. Y me gustó ver trocitos de los juegos, y escuchar la musiquita esa que hace que los pelillos de detrás del cuello se estiren para arriba, y me gustó cuando matan a la chica tonta.

Jejeje, aún me río cuando me acuerdo.

Por eso no le corté los dedos a las muñecas de mi hermana, aunque ella siempre rompa mis pósters, y coja mis cosas, y me den ganas de tirarle de las orejas muy fuerte, y al final apriete con rabia los dientes tanto que me hago daño. Ni tampoco le hice daño a Rambo, aunque siempre me muerda fuerte cuando quiero jugar con él, y no me traiga el calcetín, ni la pelota de tenis, y revuelva mis sábanas cuando yo no estoy. No le hice nada.

El osito de peluche es diferente. Ya estaba un poco roto y lo rompí del todo. No se piense que fue por su culpa Sr. Gans. Pero es que jugué al CSI con él, y tenía manchas petequiales en los ojos, y la autopsia reveló por la escoriación en el tejido laríngeo, la lengua cianótica y las roturas ventrales de la faringe, que había sido estrangulamiento con las cuerdas de tender. Lástima que las quemaduras de fricción que me hice en las manos me delataron rápido. Esta vez fue una partida muy corta.

A ver si la próxima, no descubren a quién intento envenenar con carne en mal estado...

Atentamente, yume.


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martes

Las Colinas Tienen Ojos

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Llevo unas horas andando por una zona pedregosa y seca, rodeada de montañas y valles.

El sudor, el cansancio, la sed se apoderan de mi cuerpo. Cada vez me noto más apagado, con pocas fuerzas para andar y menos aún para correr. Mi familia dejó de existir hace cosa de pocas horas: mi hermano fue quemado vivo, a mi padre le reventaron la cabeza con un hacha puntiaguda y mi madre le pegaron un tiro al que sobrevivió, pero la sangre salía a borbotones y poco pude hacer para detener la herida.

Yo salí vivo de milagro, pero no creo que dure mucho. No se atrevieron conmigo debido a mi corpulencia, pero con la deshidratación y las pocas fuerzas que me quedan no creo que sobreviviese a un ataque de “ellos”.

Sé que mis posibilidades son excasas, pero mientras hay vida hay esperanza, pero 40 kilómetros al sitio más cercano con alguien que me pueda ayudar, no son nada halagüeños…

La verdad es que no sé de donde han salido “ellos”, poco puedo saber… pero creo que llevan haciendo esto mucho tiempo. El cabrón del “gasolinera” hizo que cogiéramos un “atajo” por una carretera de arena, y precisamente se nos pinchó la camioneta en la que viajábamos… era casi de noche cuando tuvimos el accidente. Siempre le he recriminado a mi padre que le guste viajar de noche, pero cuándo dijo que íbamos a cruzar el desierto, pensé que era lo mejor…no me lo imaginaba estando en el desierto sobre las 12 del mediodía.

Alguien vigila desde arriba de las colinas…seguro que son ellos que esperan el momento más adecuado para acabar conmigo… parece que las colinas tienen ojos

No es el argumento de la película, pero podría serlo… Sería un “plagio” a la idea principal de ésta, pero así puedo recoger la idea de esta impresionante película.
Tiene un aire de películas como “La matanza de Texas” o las típicas películas, con poco presupuesto, que ocurren en sitios alejados del “mundanal ruido”, en la américa profunda, donde encontrar un teléfono o algún atisbo de “civilización” es una batalla perdida de antemano. Los personajes están muy bien definidos y los actores cumplen con su papel. El guión genera tensión durante toda la película y nos encontramos ante una película para disfrutar. Si les gusta la intriga, la desesperación, el sufrir junto a los protagonistas,… creo que aquí lo encontrarán. Una película muy correcta que consigue lo que pretende. Tener al espectador pendiente hasta el final.

Aunque sea una película modesta, siempre se suele recurrir a buscar a actores más o menos conocidos, en este caso nos encontramos solamente (que yo conozca) a una joven que protagoniza una de las series con más tirón de los últimos años: “LOST, Perdidos”. En este tipo de películas donde van a ir desapareciendo los protagonistas (veánse Halloween, Viernes 13, La Matanza de Texas, cualquier película de zombies, etc,…) que haya un protagonista familiar no quiere decir que vaya a sobrevivir… supongo que ya saben a lo que me refiero… Pero en esta película, nada es lo que parece, ¿¿o sí??

Les animo a verla… y que me cuenten qué les ha parecido…

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“¿Campo de Sueños?”


Ray kinsella es un joven agricultor de Texas. A pesar de sus graves problemas económicos es un hombre que vive feliz con su familia.

Toda su vida es cuidar de su maizal y de su mujer, tratar con los vecinos y subsistir. Todo parece marchar más o menos bien hasta que una fatídica noche, todo cambia. Sentado en el porche de su casa, a solas, pensando en alguno de sus problemas, escucha una extraña voz que le dice

“Si lo construyes…”

A partir de ese momento se enfrasca en una construcción absurda, que acaba de arruinarlo. Ni los vecinos del pueblo, ni su mujer saben qué espera, porque esa quimera está acabando incluso con su salud…




Para esta historia hay dos finales.
Descubre cuál es el real y cuál el argumento de una película:


FINAL 1:
“Si lo construyes, ellos vendrán”, le sigue repitiendo la voz.

Tras construir un campo de béisbol, destrozando la mayor parte de su maizal, el hombre se lanza a la aventura a buscar a un tipo que vive bastante lejos para traerlo. Una noche, sin razón alguna, llegan desde el más allá algunas viejas glorias del béisbol, grandes jugadores de todos los tiempos, especialmente Shoesless Joe Jackson, un famoso jugador de los Medias Negras que en 1919 fue acusado de aceptar sobornos para perder varios partidos. Todo el mundo se queda sorprendido y entonces, todos, creen las palabras de aquél que tomaban por loco. Ah, por cierto, ahora su mujer se siente orgullosísimo de él.


FINAL 2:
“Si lo construyes, ellos no vendrán”, le sigue repitiendo la voz.

Tras haberse gastado todos sus ahorros en comprar los materiales, y tras haber abandonado casi completamente el cuidado del maizal, por fin acaba de construir su parte de la alambrada que separa sus tierras, en Texas, de ese país Tercermundista (lleno de desgraciados que quieren quedarse SU País) que es México. Muchos de sus vecinos se avergüenzan de él, pero son minoría. De hecho, la mayoría de sus amigos de copas, esos con los que se va los viernes al bar de Jackie a tomar birras y con los que ve los partidos de béisbol los domingos, están haciendo lo mismo.

Y evidentemente la culpa es del gobierno. Bastante jodidos les dejó ese “abraza-árboles”, “besa-palestinos” de Clinton para que ahora, ese soso de George W. se olvide de las puertas de su casa y solo se ocupe de la política extranjera (que está bien que le den por el culo al infiel, pero quizá habría que empezar a enviar tropas al Sur en vez de a Oriente…).

Si Reagan levantara la cabeza…

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NOTA:
“if we built it, they won’t come” es un slogan real.
Lástima de frase.

"Yo, Cthulhu" (III)

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III.


(Los Profesores Armitage y Wilmarth estan convencidos de que en este punto, no menos de tres páginas han desaparecido del manuscrito, citando el texto y su longitud. Yo estoy de acuerdo.)

Las estrellas cambiaron, Whateley.

Imagina tu cuerpo separado de tu cabeza, convirtiéndose en un montón de carne sobre un trozo de mármol helado, parpadeando y ahogándose. Así es como fue. La fiesta se había acabado.

Acabó con nosotros.

Por eso esperamos aquí abajo.

¿Terrible, eh?

En absoluto. No me asusta. Puedo esperar.

Estoy aquí sentado, muerto y soñando, mirando a los imperios de hormiguitas de los humanos alzarse y caer, construirse y derrumbarse.

Un día – quizá mañana, quizá en más mañanas de los que tu débil mente pueda concebir –las estrellas se alinearán en los cielos, y la hora de la destrucción habrá llegado: Surgiré de las profundidades y dominaré el mundo una vez más.

Disturbios y fiestas, comida sanguinolenta e inmundicia, tinieblas eternas y pesadillas y gritos de los muertos y de los no-muertos y el canto de los creyentes.
¿Y después?

Dejaré este plano, cuando este mundo sea un frío trozo de carbón orbitando alrededor de un sol sin luz. Volveré a mi sitio, donde la sangre gotea nocturnamente desde la cara de una luna que se abulta como el ojo de un marinero ahogado, y estivaré.

Entonces me aparearé, y al final sentiré un batir dentro de mí, y sentiré a mi pequeño comiendo y haciéndose camino hacia la luz.

Um.

¿Estás escribiendo todo esto, Whateley?

Perfecto.

Bien, eso es todo. El fin. Narración concluída.

¿Adivinas qué vamos a hacer ahora? Exacto.

Vamos a darle de comer al shoggoth.



© Neil Gaiman 1986 "I, Cthulhu" (Cuento Original)
Traducción por Yume.
Ilustración www.TJFrame.com

viernes

"Yo, Cthulhu" (II)

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II.

¿Ya es la hora, Whateley?

No seas tonto. Sé para qué te he hecho llamar. Mi memoria es tan buena como siempre.

Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fthagn.

Tú sabes lo que significa, ¿verdad?

En su casa de R’lyeh el difunto Cthulhu espera soñando.

Es una exageración justificada; No me he sentido demasiado bien últimamente.

Era un chiste, ser de una-sola-cabeza, un chiste. ¿Estás escribiendo todo esto? Bien. Sigue escribiendo. Sé dónde nos quedamos ayer.

R’lyeh.

La Tierra.

Ese es un ejemplo del modo en que los lenguajes cambian el sentido de las palabras. Falta de claridad. No lo soporto. En un tiempo R’lyeh era La Tierra, o al menos la parte por la que me movía, a lo que primero pegué mis húmedos bocados. Ahora allí solo queda mi casita, latitud 47 ° 9’ sur, longitud 126 ° 43’ oeste.

O Los Antiguos. Ahora ellos nos llaman Los Antiguos. O Los Grandes Antiguos, como si no hubiera diferencia entre nosotros y los chicos barril.

Falta de claridad.

Así que vine a La Tierra, eran días mucho más húmedos que ahora. Era un lugar maravilloso, los mares eran tan ricos que parecían sopa y me llevaba genial con la gente. Dagon y los chicos (y uso la palabra literalmente esta vez). Vivíamos todos en el agua en aquellos lejanos días, y antes de que pudieras decir “Cthulhu fthagn” les tenía construyendo y esclavizando y cocinando. Y siendo cocinados, claro

Lo que me recuerda que hay algo que quiero contarte. Una historia real.

Había un barco, que navegaba por el mar. En un crucero por el Pacífico. Y en el barco había un mago, un ilusionista, cuyo trabajo era entretener a los pasajeros. Y también había un loro en el barco.Cada vez que el mago hacía un truco, el loro se lo aruinaba. ¿Cómo? Le decía a todo el mundo cómo se hacía, así se lo arruinaba. “Se lo ha escondido en la manga”, graznaba el loro. O “Ha amañado las cartas” o “Tiene un doble fondo”

Al mago no le gustaba.

Finalmente llegó la hora de hacer su mejor truco.

Lo anunció.

Se levantó las mangas.

Hizo sus gestos con las manos.

En el mismo momento en el que el barco se balanceó y calló sobre uno de los laterales.

La sumergida R’lyeh se había alzado tras ellos. Hordas de mis sirvientes, repugnantes hombres-pez, se abalanzaron sobre los flancos, agarraron a pasajeros y tripulación, y los arrastraron bajo el agua.

R’lyeh se hundió bajo las olas una vez más, esperando el día en el que el terrible Cthulhu vuelva a alzarse y reine de nuevo.

Sólo, sobre las asquerosas aguas, flotaba – olvidado por mis estúpidos pequeños batracios, por lo que pagaron con creces – el mago, cogido a una tabla, completamente sólo. Entonces, muy lejos vio una pequeña forma verde. Se fue acercando y finalmente, posado sobre un tronco entre restos flotantes, se dio cuenta que era el loro.

El loro giró la cabeza hacia un lado y entrecerró los ojos mirando hacia el mago.

“De acuerdo”, dijo, “Me rindo. ¿Cómo lo has hecho?

Claro que es una historia real, Whateley.

¿Crees que Cthulhu, que cubría de limo las estrellas oscuras mientras vuestras más antiguas pesadillas aún chupaban de las pseudomamas de sus madres, que espera el momento en el que las estrellas se posicionen correctamente para salir de su palacio-tumba, revivir a los fieles y volver a gobernar, que espera para enseñar de nuevo los grandes y lujuriosos placeres de la muerte y las fiestas, crees que te mentiría?

Claro que lo haría.

Cállate Whateley, estoy hablando. No me importa dónde hayas oído esto antes.

En aquellos tiempos nos divertíamos: matanza y destrucción, sacrificio y condena, icor y mucosidad y restos flotantes, y obscenos juegos innombrables. Comida y diversión. Era un fiestón, y a todo el mundo le encantaba excepto a aquellos que acababan empalados en estacas de madera entre un pedazo de queso y otro de piña

Oh, en aquellos días había gigantes sobre la tierra.

No podía durar eternamente.

Y llegaron desde el cielo, con alas membranosas y reglas y normas y rutinas y Dho-Hna sabrá cuantos formularios para rellenar por quintuplicado. La mayoría de ellos eran simples pequeños burócratas. Te puedes dar cuenta sólo mirandoles: cabezas con cinco puntas – cada uno al que mirabas tenía cinco puntas, brazos o lo que sea, en la cabeza (aunque debo añadir que siempre en el mismo sitio). Ninguno de ellos tenía la suficiente imaginación para que les salieran 3 brazos, o seis, o ciento dos. Cinco, cada vez.

Sin ánimo de ofender.

No nos llevábamos bien.

No les gustaba mi fiesta.

Se subieron por las paredes (metafóricamente). No les prestamos atención. Se volvieron malvados. Discutimos. Nos hicimos putadas. Peleamos.

De acuerdo, dijimos, queréis el mar, podéis quedároslo. Enterito para vuestro cuerpo-barril. Nos mudamos a tierra firme – era preciosamente pantanosa por entonces – y contruímos gargantuescas estructuras monolíticas que hacían empequeñecer a las montañas. ¿Sabes que acabó con los dinosaurios, Whateley? Nosotros. En una barbacoa.

Pero esos aguafiestas cabezas-punta no podían dejar las cosas como estaban.

Intentaron acercar el planeta al sol – ¿o era alejar? Realmente nunca les pregunté. Lo siguiente que supe es que estabamos bajo el mar otra vez.

Te tienes que reír.

La ciudad de Los Antiguos fue la primera en sufrirlo. Ellos odiaban la sequedad y el frío, igual que sus criaturas. Y de repente estaban en la Antártida, secos como un hueso y tan fríos como las tres veces-malditas llanuras perdidas de Leng.

Aquí finaliza la lección por hoy, Whateley.

¿Y querrías por favor hacer que alguien alimente a ese condenado shoggoth?


© Neil Gaiman 1986.
Traducción por Yume.


Continúa en:
"Yo, Cthulhu III"

lunes

"Yo, Cthulhu"

o ¿Qué hace una cosa con cara de tentáculo como yo en una ciudad sumergida como ésta? (Latitud 47 ° 9’ S, Longitud 126 ° 43’ O)?

Cthulhu



I.

Cthulhu, me llaman. El Gran Cthulhu.

Nadie sabe pronunciarlo correctamente.

¿Estás escribiendo esto? ¿Cada palabra? Bien. ¿Por dónde deberíamos empezar… Humm?

Muy bien. Por el principio. Escribe esto, Whateley.

Fui engendrado hace incontables eones, en las oscuras nieblas de Khhaa’yngnaiih (no, claro que no sé cómo se deletrea. Escríbelo como suena), de pesadillescos padres sin nombre, bajo una jibosa luna. No era la luna de este planeta, claro, era una luna real. Algunas noches llenaba más de la mitad del cielo y mientras se alzaba podías ver la sangre carmesí gotear y chorrear de su cara hinchada, manchándola de rojo, hasta que desde las alturas bañaba los pantanos y las torres en una mortecina y ensangrentada luz encarnada.

Aquellos eran días felices.

O mejor dicho, noches. Nuestro hogar tenía algo parecido a un sol, pero era viejo, incluso entonces. Recuerdo que la noche en la que finalmente explotó todos nos deslizamos hacia la playa para verlo. Pero me estoy desviando del tema.

Nunca conocí a mis padres.

Mi padre fue devorado por mi madre tan pronto como la fertilizó, y ella, a su vez, fue consumida por mí mismo al nacer. Ese es mi primer recuerdo, cómo sucedió. Salir retorciéndome de mi madre, con su añejo sabor aún en mis tentáculos.

No me mires tan sorprendido, Whateley. Yo os encuentro a los humanos igual de vomitivos.

Lo que me recuerda, ¿se habrán acordado de dar de comer al shoggoth? Creo que lo oigo farfullar.

Pasé mis primeros mil años en esos pantanos. No me gustaba eso, claro, porque yo era del color de una trucha joven y de unos cuatro pies de largo. Me pasé la mayoría del tiempo arrastrándome sobre cosas y comiéndomelas. Y a su vez evitando que se arrastraran sobre mí y me comieran.

Así pasé mi juventud.

Y entonces, un día – creo que era un martes – Descubrí que la vida era más que sólo comer (¿Sexo? Claro que no. No alcanzaré esa etapa hasta mi próxima estivación; tu insignificante pequeño planeta llevará mucho tiempo frío para entonces). Fue ese martes cuando mi tío Hastur se deslizó hasta mi parte del pantano con sus mandíbulas licuadas.

Quiero decir que no era una visita para comer, y que pudimos hablar.

Ahora mismo esa es una pregunta estúpida, incluso para ti, Whateley. No uso ninguna de mis bocas para comunicarme contigo, ¿verdad? Muy bien, entonces. Una pregunta más como ésta y encontraré a otro al que relatarle mis memorias. Y tú alimentarás al shoggoth.

Nos vamos, me dijo Hastur. ¿Nos acompañas?

¿Nos? Le pregunté. ¿Quiénes?

Yo mismo, dijo, Azathoth, Yog-Sothoth, Nyarlathotep, Tsathogghua, Ia! Shub Niggurath, el joven Yuggoth y unos cuantos más. Ya sabes, dijo, los chicos. (Esto te lo estoy traduciendo libremente, Whateley, entiéndelo. La mayoría de ellos eran a-, bi-, o trisexuados, y el viejo Ia! Shub Niggurath tenía al menos mil, o eso dice. Esa rama de la familia siempre ha sido muy dada a la exageración). Salimos, concluyó, y nos preguntábamos si a ti se te ocurre algo divertido.

Yo no contesté al principio. Para ser sincero, no era demasiado aficionado a mis primos, y debido a una particularmente extraña distorsión de los planos, siempre he tenido grandes problemas para verlos claramente. Tienden a ponerse borrosos alrededor de los bordes, y alguno de ellos – Sabaoth es un claro ejemplo – tiene muchísimos bordes.

Pero era joven, y anhelaba emociones. "¡Ha de haber más cosas en la vida que esto!" grité, mientras la miasma de los deliciosamente fétidos olores carnales del pantano nos envolvía a mí y a los ngau-ngau, y los zitadores gritaban y chillaban. Dije que sí, como probablemente habrás supuesto, y rezumé tras Hastur hasta que llegamos al lugar de encuentro.

Creo recordar que pasamos la siguiente luna discutiendo sobre a dónde íbamos a ir. Azathoth tenía sus corazones puestos en la distante Shaggai, y Nyarlathotep se empeñó en los Lugares Innombrables (En mi vida podré imaginarme por qué. La última vez que estuve allí, todo estaba cerrado). A mí me daba igual, Whateley. Déjame en cualquier lugar húmedo y sutilmente extraño, y me siento como en casa. Pero Yog-Sothoth tuvo la última palabra, como siempre, y vinimos a este plano.

Ya has conocido a Yog-Sothoth, ¿verdad, mi pequeña bestia de dos patas?

He pensado mucho en ello.

Él abrió el camino para nuestra llegada.

Para ser honesto, no he pensado tanto en ello. Sigo sin hacerlo. Si hubiera sabido los problemas en los que nos estábamos metiendo, dudo que me hubiera apuntado. Pero entonces era más joven.

Si no recuerdo mal. Nuestra primera parada fue en Carcosa. Ese sitio hacía que me cagara de miedo. En aquellos días no podía mirar a los de vuestra especie sin estremecerme. Toda aquella gente, sin una sola escama ni pseudópodos, hacía que me pusiera a temblar.

El Rey de Amarillo fue el primero con el que llegué a algo.

El rey andrajoso. ¿Has oído hablar de él? La página setecientos cuatro del "Necronomicón" (de la edición completa) remarca su existencia, y creo que ese idiota de Prinn le menciona en "De Vermis Mysteriis". Y está el de Chambers, claro.

Un tipo adorable, una vez que me acostumbré a él. Él fue el primero que me dió la idea.

¿Qué innombrables demonios se puede hacer en esta insignificante dimensión?

Le pregunté.

Él se rió. La primera vez que llegué aquí, dijo, un mero color que llegaba del espacio, me hice esa misma pregunta. Entonces descubrí lo divertido que puede ser conquistar estos extraños mundos, sojuzgar a sus habitantes, haciendo que te teman y te adoren. Una verdadera risa.

Claro que a Los Antiguos no les gusta.

¿Los antiguos? Pregunté.

No, dijo, Los Antiguos. En mayúsculas. Unos tipos divertidos. Como grandes barriles con cabeza de estrella de mar, con enormes alas membranosas con las que vuelan por el espacio.

¿Vuelan por el espacio? ¿Vuelan? Yo estaba aturdido. No pensé que alguien volara aún en esos tiempos. ¿Por qué molestarse cuando uno puede fluir viscosamente, eh? Podía imaginarme por qué les llamaban los antiguos.

Perdón, Los Antiguos.

¿Qué es lo que hacen esos Antiguos? Le pregunté al Rey.

(Te hablaré sobre fluir viscosamente luego, Whateley. Aunque es inútil. No tienes wnaisngh’ang. Aunque quizás un equipamiento de badminton serviría casi igual de bien). (¿Por dónde iba? Ah, Sí).

¿Qué es lo que hacen esos Antiguos? Le pregunté al Rey.

No demasiado, me explicó. Solo que a ellos no les gusta que nadie más lo haga.

Yo ondulé, retorciendo mis tentáculos como diciendo "Ya me he encontrado con ese tipo de seres otras veces", pero me temo que el Rey no cogió el mensaje.

¿Conoces algún lugar por conquistar? Le pregunté.

Él sacudió la mano vagamente en la dirección de un pequeño e insignificante grupo de estrellas. Hay uno por allí que puede que te guste, me dijo. Se llama Tierra. Un poco lejos del centro, pero espacioso.

Pobre idiota.

Es todo por ahora, Whateley.

Cuando salgas dile a alguien que alimente al shoggoth.


© Neil Gaiman 1986.
Traducción por Yume.
Imagen: Rick Sardinha


Continúa en:
"Yo, Cthulhu II"

La Vida de Damián

La muerte siempre ha rondado la vida de Damián Carrasco.

Pero al final ha muerto siendo un perdedor. De hecho, nació el 6 de Junio del 67, a un “6” de hacer el completo y convertirse en el Anticristo. Lo que le convierte en perdedor desde el nacimiento. Aunque no todo en su vida fueron derrotas.

Alcanzó el éxito alguna que otra vez.

Por ejemplo, su versión del “Ziggy Stardust” de Bowie (bueno, en realidad era una versión de la versión de Bauhaus, pero eso no lo sabía mucha gente en España) incluso alcanzó un número interesante en la lista de éxitos de El Corte Inglés, dos puestos por debajo de Tino Casal, si no me equivoco. Pero eso (además de que se acabó repentinamente por la disolución de su grupo “Las Arañas de Marte”), es otra historia.

El lamentable accidente ha hecho de su velatorio una pantomima ridícula (aunque no es la primera vez que un tarado intenta raparle el pelo para encontrar ese tatuaje inexistente…), y los pocos dolientes (acreedores la mayoría) acabaron escandalizados o descojonados. ¡En fin…!

El entierro no ha sido nada del otro mundo. Un apenado enterrador (algún problema tendría en su casa, el pobre) cerró el nicho con un par de paladas de cemento y 6 tochos. No se colocó lápida, aunque poco tardarán los fanáticos en dibujar cruces invertidas y símbolos Illuminati sobre la piedra roja de ladrillo.

Luego, la lluvia.
Y poco después ya no quedaba ni un alma
(masculina, porque no había asistido ni una sola mujer).

De ladrillo mojado y pocas mujeres también fueron sus primeros escarceos con el sexo. Allí, en el callejón, detrás del Club Obi-Wan donde algunos años antes un yanqui caradura montó una gran pelea y acabó saltando por la ventana.
Damián fue testigo involuntario de la muerte del yanqui, que acabó aplastado contra el techo de su ranchera roja. Pero eso no le impresionó demasiado.

Ya había visto morir a sus padres y a sus hermanos.

Lo que de verdad le impresionó fue el ensangrentado, larguirucho y peludo brazo anaranjado que salía de la ventanilla lateral derecha de la ranchera. Pero como ya he dicho antes, eso también es otra historia…

Damián,
Requiescate in Pace.


Yume.

viernes

Un Euro por Sabiduría. Capítulo 3 (de3)


Un Euro por Sabiduría. Cap 1
Un Euro por Sabiduría. Cap 2
Un Euro por Sabiduría. Cap 3

¿Sabes que pasó bajo el agua?, ¿qué hizo la mujer?
Aunque no había ningún animal por allí, (y menos aún el viejo borracho que me contó la historia, claro está) puesto que habían huido temiendo la codicia del pez espada, sí que lo presenció todo una pequeña anémona. Incapaz de moverse y de apartar la vista, así se lo contó con pelos y señales al borracho…


“La exiliada reina empezó a nadar hacia los límites de su reino, y una sola imagen rondaba por su cabeza, su niña, sola a merced de los elementos y de los traidores. El mar jamás había sido tan salado como en ese momento debido a las lágrimas de la mujer. Cansada se dejó caer hasta el fondo y allí cogió un trozo de coral y se hizo un profundo corte en el pecho. La sangre brotaba caliente y empezó a llamar a los carroñeros. Pero antes que tiburones, rémoras y morenas, aparecieron tres diminutas medusas de brillantes colores fosforecentes.

-¿qué te pasa mujer?, ¿porqué lloras? -preguntó la más pequeña con la voz más dulce que había oído nunca.
-Mi pueblo tiene hambre, yo no sé como solucionarlo y he sido traicionada. Y ahora yo he abandonado a mi hija. Es tarde pero sólo puedo confiar que alguien se compadezca de mi sacrificio y se apiade de ella.
-¿Buscas paz o venganza? -preguntó la más grande de las medusas, cuyos colores brillaban poco y parecía vieja y enferma.
-¿Se puede separar una cosa de la otra? -al decir esto, la mujer se dio cuenta que ya había dejado de ser una reina justa.
-Nosotras te podemos dar venganza, -dijo la medusa mediana, parecía fuerte y saludable- pero así no encontrarás paz. Nosotras nos podemos apiadar de tu hija, pero no encontrarás paz. Nosotras te podemos dar paz pero entonces no encontrarás ni sentirás nada.
-Si de veras pueden tres minúsculas medusas hacer tales milagros, ¿qué debo dar a cambio? y ¿qué debo pedir para no salir perdiendo?
-Muchas preguntas, no las malgastes y piénsalas bien que sólo te contestaremos a tres, empieza. -dijeron las tres a la vez.

-¿Puedo dar mi vida por mi hija de una forma menos inútil que este sacrifico?
-Sí puedes, nosotras nos encargaremos de ello. -contestó la más pequeña.
-¿Podéis evitar que mi hija sea traicionada igual que lo fui yo?
-Sí podemos y así se consumará tu venganza. -respondió la más vieja de las tres.
-¿Y mi pueblo, podéis hacer algo por él?
-No tienes pueblo, nadie queda ya de los tuyos. Con el tiempo volverán, pero no para ti. -dijo la medusa que quedaba- Ahora el trato: tú morirás y todo volverá a su cauce, pero nosotras nos alimentaremos para siempre de la deuda que acaba de contraer tu hija contigo y de tu angustia al no verla crecer.

Mientras la mujer se iba convirtiendo en una semilla y desaparecía, no pudo más que llorar y darse cuenta que no volvería a ver a su niñita.

La niña creció bajo la sombra de las frondosas ramas de su madre sin saber toda la verdad. Parte sí, porque las medusas volvían en sueños para cobrarse su deuda. Le recordaban entre pesadillas que su madre murió por ella y la niña se despertaba llorando cada mañana. Con el tiempo, se convirtió en una reina incluso más justa que su madre y con muchos más súbditos. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.”


-Bueno, no acababa así exactamente pero no creo poder acordarme de más. Además para lo que has pagado ya está bien. -Dice el vagabundo
-¡¡Pero no es justo!!
-Las cosas no son justas niña… ¿acaso puedes hacer algo tú por tu madre?


FIN
Marc Jardí - Yume

lunes

Un Euro por Sabiduría. Capítulo 2 (de3)



“-¡Mi fiel espadachín! –dijo la reina, ¿Cómo has podido?
-¡Los visitantes se han llevado a mis crías! ¡Alguien debe pagar por ello! - y diciendo esto, apuntó con su larga espada al bebé
-¡Mi hija no! -grito la reina, buscando compasión en los ojos de los que eran sus súbditos
-¿Encontráis vos otra solución? -comentó una voz entre la multitud
- Sí, hay otra. Si podrían saciar su hambre con un bebé, mejor aún será si pueden devorar a un humano adulto. Yo iré –dijo la reina, y comenzó a llorar.
-¿Ah, sí? ¿Y quién cuidará de su hija entonces?
-Tendré que confiar en los habitantes de mi reino.
-¿Vuestro reino? -rió el pez espada- Una vez que usted se haya ido este será mi reino. Debe elegir, entre su reino o la niña.
Y diciendo esto los peces se sumergieron rápidamente y las aves volaron como nunca antes lo habían hecho.
-¿Lo veis? Vuestros propios súbditos os traicionan, su majestad. ¿Qué pensáis hacer ahora?
La reina cogió a su niña en brazos, le besó la frente y la dejó encima del trono, después se adentró lentamente en las profundidades del océano, hasta desaparecer.
-¡Al fin mío! ¡El reino es mío! –dijo el pez espada mientras la niña lloraba a su espalda.

No pasó demasiado tiempo, el justo para que el pez espada empezara a imaginar la majestuosa fabricación de un trono para él, cuando un enorme haz de luz salió rápidamente del agua y atravesó el cielo, tiñéndolo de diversos colores brillantes. El haz de luz bajó en picado a una velocidad de vértigo y fue a parar directo al corazón del espadachín, matándole. Entonces en contraste con la roja sangre en la arena, el cielo volvió a su color azul. Una pequeña esfera de luz bajo del cielo con una semilla en su interior y se hundió en la arena, provocando un ligero temblor. Un inmenso y precioso árbol salió de entre la arena. Era un árbol mágico, provisto de fruta infinita y capaz de cubrir con sus hojas el doble de la superficie de la isla. Ahora la niña tendría comida y cobijo suficiente hasta que fuera capaz de gobernar el que ahora era su reino."

¿Sabes que pasó bajo el agua?,¿qué hizo la mujer?
Aunque no había ningún animal por allí, (y menos aún el viejo borracho que me contó la historia, claro está) puesto que habían huido temiendo la codicia del pez espada, sí que lo presenció todo una pequeña anémona, incapaz de moverse y de apartar la vista, así se lo contó con pelos y señales al borracho…


CONTINUARÁ...

Marc Jardí - Yume