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lunes

Roma. ‘Stupenda e Misera Città’ · Ciclo de Cine Pantalla Pavelló 2018

van der rohe


‘Pantalla Pavelló’ es el ciclo de cine que se adentra en la relación entre el espacio construido, sus límites y sus fronteras, y los habitantes que allí residen, y cómo esta relación se acentúa y revela en su máxima expresión. La arquitectura, y con ella las ciudades, determina e influye cómo vivimos de la misma manera que lo hacen nuestras normas de convivencia y las leyes que regulan las sociedades.

La Fundació Mies van der Rohe empieza un recorrido por diferentes ciudades y su representación en el cine. Roma mantiene desde hace décadas una relación especial con el cine, por haber sido escenario y protagonista de centenares de películas y por acoger los estudios de Cinecittà donde se han rodado alrededor de 3.000 películas.

Trazar un retrato de Roma a través de su cine es algo solo aparentemente sencillo. Hay la Roma barroca de Fellini, la “stupenda e misera città” de Pasolini, la neorealista de Rossellini y De Sica, la imagen de postal de William Wyler, la de cartonpiedra de Cinecittà, la turística de Woody Allen, la criminal de Michele Placido. Todas falsas, ya que el cine siempre es una ficción, y a la vez reales, componen un retrato fragmentado de una ciudad que contiene todo lo que amamos y odiamos del mundo.

Decía Fellini que Roma no había cambiado desde 1938 y que sus habitantes se habían quedado inmersos en el sueño del seicento, fósiles con salud de hierro: “Roma no pone esquemas, no sabe de psicoanálisis, es un pantano pre-freudiano donde se está muy bien; no protege, pero a la larga se convierte en un apartamento personal, piazza del Popolo en sala de estar, Via Veneto en dormitorio”.

Esta ciudad heterogénea y multicultural en la que sobresale la diversidad tanto en sus construcciones como en sus habitantes y visitantes, está construída de culturas e identidades, pero también de materiales. Uno de ellos, el travertino, lleva más de dos milenios conformando su morfología y a su vez es el material más característico del Pabellón de Barcelona de Ludwig Mies van der Rohe y Lilly Reich (1929).

Las cuatro películas de este verano muestran diferentes Romas: la ciudad fragmentada, industrializada, desarraigada, inédita y también arbitraria, además de cercana y cotidiana. En el cine, la ciudad se presenta como tema, como contexto escénico, como parte del discurso o como exploración del espacio urbano. El ciclo muestra la relación entre este espacio construido y los habitantes que residen en algunos de sus lugares más extremos: los anillos viarios, los sitios de encuentro de la alta sociedad, las calles fantasmales en verano, la ocupación turística y los espacios urbanos residuales.

Un ciclo que reflexiona sobre el espacio construido que nos rodea, las ciudades que queremos y, por tanto, la sociedad que deseamos.

Stupenda e misera città,
che m’hai insegnato ciò che allegri e feroci
gli uomini imparano bambini,
(…)
Stupenda e misera
città che mi hai fatto fare
esperienza di quella vita
ignota: fino a farmi scoprire
ciò che, in ognuno, era il mondo.


Pier Paolo Pasolini, Il pianto della scavatrice


Estupenda y mísera ciudad,
que me has enseñado aquello que alegres y feroces.
los hombres aprenden de niños,
(…)
Estupenda y mísera
ciudad que me has hecho tener
experiencia de aquella vida
ignota: hasta hacerme descubrir
aquello que, en cada uno, era el mundo.




Programa

18/06/2018
Caro diario (IT, 1993, 96’), Nanni Moretti
Presentación: Cecilia Ricciarelli, doctora en cine y profesora IED.

09/07/218
La Grande Bellezza (IT, 2013, 142’), Paolo Sorrentino
Presentación: Celia Marin, arquitecta y profesora ETSAB.

30/07/2018
Sacro GRA (IT, 2013, 93’), Gianfranco Rosi
Presentación: Neus Ballús, directora y guionista de cine.

03/09/2018
Lo Chiamavano Jeeg Robot (IT, 2016, 112’), Gabriele Mainetti
Presentación: Andrea Tappi, historiador y profesor.



Organización: Fundació Mies van der Rohe
Comisariado: Daniele Porretta, arquitecto y profesor ELISAVA.



sábado

Sitges 2017 - Sitges Clàssics - Bienvenido Mr. Friedkin: Sorcerer (William Friedkin, 1977)




sorcerer


He visto Sorcerer media docena de veces, y cada una de ellas ha conseguido ser una experiencia intensa y muy gratificante. El ambiente recargado y angustioso que rodea a los protagonistas malditos, me sobrecoge. El clima bochornoso, los secundarios aturdidos y sudorosos, todos marcados por la miseria y en plena huída hacia el infierno, me crispan los nervios y me entristecen. Pero la historia, narrada desde el punto de vista de los peores villanos, con los que no hay más remedio que empatizar porque notas que sienten las misma crispación y tristeza, el mismo aturdimiento, y están tan sobrecogidos como el espectador, es tan intensa que encoge las entrañas.

Pero nada de eso está por encima de la escena en la que el primer camión de la ruta suicida cruza el puente colgante. Una escena intensa hasta el límite de lo soportable. Termina, y crees haber sobrevivido a semejante tensión, pero entonces se repite. Con el segundo camión, y en una situación todavía más extrema.

Acabadas las tomas, con el corazón tan acelerado como el de los cuatro protagonistas, cuesta imaginar cómo se rodó esa escena tan peligrosa. Y no fue hasta la última ocasión en la que vi la película me dispuse a buscar cómo se había llevado a cabo. Lejos de arruinar la magia del cine, la explicación de los sistemas de anclaje, brazos hidráulicos, lluvia artificial y control del cauce del río, no hacen más que disparar mi admiración por la cinta cuando estos sistema de seguridad sirvieron para poco cuando los camiones sufrieron varios accidentes durante el rodaje de la escena y hubo que rescatarlos del agua, cuando las ramas arrastradas por el río hirieron de verdad a los actores, cuando dos diferentes localizaciones naturales que habían elegido para montar el estructura sufrieron una sequía tan sorprendente que los nativos achacaron a una maldición del rodaje. Cuando cambiar la localización para el puente costó tantísimo dinero, que prácticamente arruinó al estudio (e incluso los dos grandes tuvieron que unirse para acabar de financiarla), y por consiguiente casi acabó con la carrera de Friedkin. Porque después, además, la cinta fue un fracaso en taquilla.

ESA es la verdadera magia del Cine, supongo. Un desastre mayúsculo para una de las mejores películas de la historia. Así nacen los mitos.






yume

jueves

Sitges 2017: Recordando a Romero


Allá por 2007, muchos de los habituales del Festival de Sitges tuvimos la oportunidad de cruzarnos por los pasillos del Hotel Melià, con un viejecito encantador que, no por toda la leyenda que arrastraba a sus espaldas, impidió en ningún caso que lo fotografiáramos con su pose amable y de mirada descuidada detrás de esas enormes gafas de pasta negras. Ni siquiera huía de nuestras pequeñas charlas nerviosas en el bar del jardín. Aquel año, George A. Romero presentaba el Diary of the Dead, y recuerdo acabar el pase de prensa con una ligera sensación de decepción, ya que de verdad esperaba que el Maestro de lo zombie hubiera seguido con ese camino de evolución del subgénero que él mismo había arrancado con Land of the Dead. Pero esa sensación frustrante se acabó inmediatamente cuando, con sus andares pausados y su aspecto desgarbado de pescador de siluros, se sentó delante de nosotros, y se dispuso a contestar a todas nuestras preguntas que, por primera vez en mucho tiempo, supieron sacar un excelente jugo a esa oportunidad.

Yo, por supuesto, estaba equivocado. Había mucho más en esa cinta de lo que yo había sido capaz de ver. Y esa persona amable sentada en una butaca bajo la pantalla del Auditori, además resultó ser divertido y con mucho más alcance de miras de lo que suele ser habitual en el gremio.

Recordando al Maestro, lo que sigue es mi artículo de hace exactamente 10 años:

Muchas gracias por todo, Sr. Romero.





romero

Es curioso que en esta edición del Festival de Sitges, muchas de las propuestas versan sobre el poder visual y mediático de la imagen no cinematográfica.

Las películas se esfuerzan en no parecer películas, en un intento tanto de ser novedosas y originales (lástima que se hayan puesto todas a la vez a hacerlo), como de demostrar que al fin ese arte, que tiene ya más de cien años, empieza a ser verdaderamente popular: Ahora es el propio pueblo el que dirige, produce, distribuye y visiona sus propias historias.

Pero claro, tanto éxito, tiene una pega: hay tanto ruido que apenas nadie destaca, sólo los verdaderos conocedores del oficio pueden erigirse maestros de este nuevo cine. Y ahí está George A. Romero presentando su candidatura con Diary of the Dead, película que empieza con una voz en off femenina que nos explica que lo que vamos a ver a continuación es una edición para facilitar el visionado de todo el material que han estado rodando con cámaras digitales, y que contiene todo lo que les ha pasado a ella y su grupo en esos días.

A partir de ese punto encontramos una interesante historia sobre la humanidad y el papel de los medios en ella, en la que los zombies son poco más que una excusa secundaria para demostrar lo sencillo que es que nos convirtamos en monstruos hambrientos, ya sea a través de una mordedura de una cadáver anhelante de cerebros, o de una cámara, objeto que aísla al que la maneja de lo que le rodea, lo convierte en un ser insensible, incapaz de participar en la desgracia, y hambriento de imágenes que contar y hacer públicas.

Pocas veces antes, Romero, se había lanzado de forma tan descarada al estudio sociológico, pero al hacerlo ha dado un largo salto atrás, posiblemente definitivo, en esa emocionante carrera que estaba emprendiendo en la evolución zombie. Continuar a partir de los zombies dolientes de La Tierra de los Muertos, iba a ser un duro trabajo que finalmente no ha aceptado. Y en este momento, que lo zombie vuelve a estar en primera línea, el viejo director ha decidido volver la vista atrás y alejarse así de toda la miríada de imitadores que intentan cambiar un concepto que, según Romero, no entienden.



¿Qué opina del resurgir actual del tema zombie?

Se habla de conexión subconsciente entre el tema de la muerte y la política actual, y de ahí que haya renacido el tema zombie, pero yo no creo que haya ningún tipo de conexión. Es más bien una cuestión comercial. Está de moda y da dinero, pero por ejemplo, el libro "World War Z" de Max Brooks o "Cell" de Stephen King, no hablan de lo mismo de lo que quiero hablar yo con las películas de zombies. Es una cuestión comercial. Para mí, los zombies representan los desastres naturales. Mis películas estudian el drama humano y los zombies representan el cambio revolucionario. El Mal está en los humanos, los zombies son sinceros, no mienten.

¿Cómo es que ha detenido la evolución zombie, y ha vuelto a representarlos como en las primeras películas?

Volver al primer tipo de zombie era lo que me permitía explicar la historia de los jóvenes, centrarme en esa gente. Si la rodaba sobre varios años en el futuro (la película se centra en los inicios de la infección zombie), esos jóvenes no estarían rodando, tendrían armas... y el libro de supervivencia de Max Brooks! (risas generalizadas)

¿Y hacia dónde se va a dirigir el tema a partir de ahora?

No sé hacía dónde voy a continuar. Quizá continúe por aquí, con la idea de los medios de comunicación.

En su película, hace una broma sobre que los zombies son lentos. ¿Qué opina de los zombies que aparecen en "28 Días Después" o "28 Semanas Después", que corren?

Esos no son zombies (aplausos en la sala)
En mi película hablo del remake de "Dawn of de Dead". Allí los zombies sí que corren mucho. Por eso tenía que decir algo al respecto.

¿Qué opina de que las nuevas versiones de otros autores tiendan más a la comedia, en vez de al drama como hace vd.?

No uso a mis zombies para crear un shock. Los uso de revolución que afecta a la gente. No me malinterprete, me divierto con lo salvaje como demuestra la escena del zombie al que se le derrite el cerebro, pero no uso a mis zombies como monstruo icónico popular. No es cine de simple entretenimiento. Es una cuestión idiomática: Cuando empecé, los zombies, eran esos tipos caribeños. Yo llamaba a mis monstruos Comedores de Carne. En realidad, robé la idea de la novela "I Am Legend" de Richard Matheson, que aunque empezó la revolución desde el final y con vampiros, yo quise hacerlo desde el comienzo y me tuve que inventar otro tipo de monstruo para que fuera diferente.

¿Cómo es que ya no rueda en la ciudad habitual, Pittsburg?

Rodar en Canadá fue por los incentivos económicos que daban. Por eso se está dejando poco a poco de rodar en los USA. Porque otros países ponen muchas más facilidades. Para una película independiente, si no cuentas con un gran estudio detrás, es más fácil no rodar en USA. Por suerte, me he rodeado de un gran equipo y no importa dónde trabajemos.

Volviendo a los Remakes, ¿cree que aportan algo nuevo?

No creo que añadan nada a la mitología. Snyder (director del remake de 2004 de su película "Dawn of the Dead" de 1978) es un gran director, y rodó una gran película, pero hizo una película de acción. En general, los remakes no aportan nuevas ideas.

¿Y qué haría Romero en un Apocalipsis Zombie?

Guau! No sé. No creo que me suicidara. Supongo que acabaría en los mismos sitios que los personajes de mis películas.




yume

sábado

etdc (XL) especial sitges - un pequeño homenaje a Wes Craven (Wes Craven's New Nightmare, 1994)


Heather Langenkamp: That was Nancy, Wes. That's not me.
Wes Craven: Yeah, but it was you who gave Nancy her strength.


Wes Craven murió el 30 de Agosto de 2015, un mes antes de que arrancara el Festival del pasado año, y ahora, que acaba de cumplirse el primer aniversario, es el momento idóneo para valorar su figura en relación a Sitges.

Fue un personaje primordial del horror desde los años 70 y 80, con obras como las clásicas La Última Casa a la Izquierda, La Serpiente y el Arco Iris, o el inicio de la saga de Pesadilla en Elm Street, todas ellas pilares necesarios de la expansión comercial del cine de terror. Además, tuvo el privilegio y la desdicha de ser el padre de la revolución del horror mainstream de los 90: Suya era esa piedra de toque de todo lo metacinematográfico que nos abruma hoy día que es la saga Scream, y esa misma saga fue la culpable del colapso e infantilización de todo ese horror americano que llevó a que los espectadores se acabaran lanzando hacia el terror oriental.

El Festival de Sitges siempre ha sido uno de los mayores admiradores de su obra, y ya una de sus primeras cintas, Las Colinas Tienen Ojos, recibió el Premio de la Crítica en el certamen del 1977. Su relación con el Festival no terminó ahí, e incluso fue nombrado Presidente del Jurado en el Festival de 1985. Por eso se sintió escasa su presencia en el certamen de 2015, cuando su nombre sólo apareció como productor del slasher sofisticado The Girl in the Photographs y no se le nombró en los numerosos homenajes del certamen.

Pero, en todo caso, era de esperar porque el tiempo de reacción fue escaso para la organización del Festival, que optó por una formal nota de prensa cuando se supo de su fallecimiento, dedicada por completo al Maestro del Horror, celebrando sus obras y anunciado su participación con su última producción.

Ahora, a seis días del Festival de 2016, todavía es pronto para valorar cómo se va a recordar su figura este año, pero ya de inicio su nombre no consta por ningún sitio, ni parece que se haya preparado un homenaje póstumo. Quizá el año pasado era demasiado prematuro, y este año ya ha pasado demasiado tiempo, pero al menos quería tenerlo presente con un pequeño homenaje en esta página, sabiendo la importancia que el propio Craven le daba al Festival de Sitges, como demuestra la imagen que cierra este texto, un fotograma de La Nueva Pesadilla de Wes Craven, en el que el propio director y Heather Langenkamp discuten sobre la primera Pesadilla en Elm Street, su significado y las implicaciones que la figura de Freddy Krueger tiene en el mundo real.

El escenario era la casa real de Wes en Los Ángeles, un verdadero santuario dedicado a la obra pasada del director. Y en ese entorno, la conversación entre los dos personajes y sus ecos en la vida real alcanza el punto máximo de metaficción de toda la serie. Y todo bajo la imponente presencia de Maria, el premio que se llevó de salas del Festival, y que con toda la intención del mundo no quiso que se perdiera ese juego de capas realidad/ficción que era su última incursión en los sueños de los jóvenes de la Calle Elm.

Lo real y lo imaginario fundido en uno. Condensado. Luchando por predominar el uno sobre el otro. Y allí, mediando, como el kuroko del teatro kabuki, intentando pasar inadvertida, pero poniendo orden entre la tensión de los dos ejes, nuestra María. Y teniendo en cuenta que es la Maria-androide, ¿no era su función en Metropolis la de provocar la rebelión y el caos con el fin de corromper el statu quo? Igual que la de ese puck mitológico, elemental, fauno de los territorios de la mente, que es el bueno de Freddy Krueger.


maria in new nightmare



FICHA TÉCNICA
Nombre del lugar: Hogar de Wes Craven.
Visitante: Heather Langenkamp (Heather Langenkamp) y Wes Craven (Wes Craven).
Fecha de la Visita: 1994
Situación: Los Angeles.
Dirigido por: Wes Craven.
Dirección de Fotografía: Mark Irwin.
Dirección de Arte: Diane McKinnon, Troy Sizemore.
Localizaciones: Marshall D. Moore.
Año: 1994




yume

sábado

Historia de una venganza: de "Superman Lives!" a "Superman: Doomsday"

superman lives


Muchas han sido las versiones cinematográficas del personaje de Superman desde que apareciera por primera vez en el año 1938. Y, sin duda, muchas más son las que quedan por llegar en un futuro más o menos próximo, pero ninguna tiene una historia tan interesante como aquellas visiones del personaje que jamás se llegaron a realizar. Y entre todas ellas, la que ocupará las siguientes líneas es por derechos propios la que se lleva el premio…

Ni los intentos infructuosos de Oliver Stone, ni las repetidas tentativas de J.J. Abrams, llegarán a superar el mito del malogrado Superman de Kevin Smith y Tim Burton. Hablo, por supuesto, de Superman Lives!

A mediados de los 90, años marcados por el éxito arrollador de Batman en las pantallas de cine, y por el increíble relanzamiento de la venta de cómics gracias a “The Death of Superman”, era evidente hacia dónde dirigiría Warner Bros su mirada. Era el momento de levantar una franquicia que cayó en la parodia a principios de los 80, y en el ridículo a finales de esa década. Y así, tras una serie de casualidades, le llegó Kevin Smith (uno de los directores que, por su afición confesa a los cómics, más podía entender el personaje) la oportunidad de reescribir el horrible guión que se estaba preparando al respecto (el adjetivo horrible está bien aplicado, como muestra un botón: Supes se enfrentaba allí a su lucha interna sobre la soledad del extraterrestre, su humanidad, y las dudas sobre su relación con Lois por vías psiquiátricas…).

Diversas circunstancias hicieron que fuera mucho más de encargo de lo que tenía previsto el joven director, y finalmente, la historia quedó así:

En una versión libre de la serie de cómics “La Muerte de Superman”, una supercomputadora alienígena llamada Braniac, planea acabar con Superman bloqueando el sol que le da poder, por una parte, y enviando a Metropolis a la bestia Doomsday. El plan, efectivamente, funciona, y Superman acaba sacrificando su vida para acabar con el monstruo. Pero Braniac, triunfante, se alía con Lex Luthor para crear una mayor amenaza para la humanidad, desolada ahora que no tiene al Hombre de Acero de su lado. Pero entonces, la nave que trajo al kriptoniano a la tierra siendo un bebé se devela como el Eradicator, un robot que consigue resucitar el cadáver en la Fortaleza de la Soledad. Por desgracia, el recién revivido Superman carece de poderes, con lo que Eradicator se acaba convirtiendo en una armadura temporal (el afamado traje negro) para subsanar el problema. Por su parte, más que poseer el cuerpo sin vida de Kal-El, lo que Braniac desea es conseguir al Eradicator y su tecnología. Y en el momento del enfrentamiento final, el traje protector, y algunos rayos del sol, permiten a Superman derrotar a Braniac.

Si quieren más información al respecto del guión de Smith, pueden leer AQUÍ el texto original, o AQUÍ si se lo quieren descargar directamente en formato texto a su pc.

Hasta este momento, nada raro, ¿verdad? Bien, pues en este punto, lo que era un guión de encargo, pasa a manos de Tim Burton, el director elegido por Warner para liderar un proyecto que se preveía largo y costoso. Pasa el tiempo, y el guión es reescrito por el equipo de Burton, el cásting elegido por el de Burbank incluye a Nick Cage como Superman, se acelera el proceso de preproducción, se empiezan a preparar los escenarios… y finalmente la película se cancela. Cada uno por su lado, y no ha pasado nada…

¿Nada? Oigamos la historia en boca del propio Kevin Smith:




Gran monologuista el amigo Kevin, ¿verdad? Antes de seguir con la historia, y por si les da pereza leer el guión para encontrar los pasajes donde se acatan esas reglas del productor Jon Peters [+imdb], les he hecho un pequeño resumen (NOTA: L-Ron es el robot que acompaña al malvado Braniac; sería el “R2D2 gay molón” que demandaba el productor).

1.- El nuevo traje para Superman, acaba siendo ese Eradicator negro, a modo de superarmadura.

2.- Superman ya no vuela. Bueno, al menos ya no le vemos volar. Exactamente, Kevin lo describe de la forma siguiente: “una mancha roja y azul en movimiento, creando una explosión sónica cada vez que vuela

y 3.- La araña gigante según Kevin Smith:

L-Ron coge la jarra contenedora, dentro de la cual se mueve una criatura del tamaño de un puño con múltiples patas.


BRAINIAC
(lo mira)
La Bestia Emboscadora de Thanagarian. En su primer estadio de vida.
Ilegal en dieciséis sistemas debido a la naturaleza anormal
de sus patrones de crecimiento fuera de su atmósfera natural.

[…]

La BESTIA EMBOSCADORA DE THANAGARIAN ha crecido. Parece una mezcla entre un calamar y una araña, pero muy bio-mecánica y grande. Y ahora – habitada por la consciencia de Braniac – es también mucho más letal. La voz de Braniac se escucha, siseando desde algún lugar del interior de la criatura.


BRAINIAC
SSSSSSSSSSSSUUUUUPERRRRRMAAAAAANNN!


Finalmente, parece que a Tim Burton tampoco acaba de agradarle cómo se desarrolla la creación de la película. Y después de todo un año de trabajo perdido (según sus propias palabras) termina por retirarse del proyecto. Poco después, también acaba abandonándolo el propio Nick Cage, uno de sus principales impulsores.

Por si quieren ver algunos diseños conceptuales para la película de Burton, AQUÍ tienen un buen puñado. Y si quieren más información sobre Superman Lives!, pueden dirigirse AQUÍ

A partir de este momento, las declaraciones a la prensa y acusaciones entre Smith y Burton van y vienen. Y la historia continúa cuando Burton es "acusado" por Smith de copiar de su cómic "Chasing Dogma" para el extraño final de El Planeta de los Simios. Una vez más, veamos la cuestión en palabras del propio Kevin Smith:




chasing dogma


Y hasta ahí parecía que todo había terminado. Pero si una cosa ha dejado clara este proyecto, es que las cosas rotas se pueden alargar hasta el infinito sin peligro de que se rompan más.

Me sitúo en una nueva época. La primera década de los 2000. La relación del cine con los superhéroes se ha desencadenado tan fructífera como a veces estéril. No hay duda que la cosa funciona económicamente. Incluso Jon Peters ha conseguido un par de Supermanes (V y VI) (aunque sin arañas). La calidad de la multitud de adaptaciones de cómics ha sido irregular, pero donde ha funcionado a la perfección es en el formato televisivo. Y a la cabeza de todo ello se encuentra Bruce Timm [+imdb] con sus excelentes versiones animadas.

Y es en la versión animada de la muerte de Superman escrita por Timm, llamada “Superman: Doomsday”, donde Kevin ha podido obtener, finalmente, su pequeña, placentera venganza...



Toyman: ¡Tú! ¡No puede ser!
Superman: Te vienes conmigo, Toyman.
Toyman: ¡Arre!
Espectador: Como si le necesitáramos para aplastar a una araña mecánica. Lamentable.



(¿Necesito hablar de esa araña, decir a quién se parece el atormentado Toyman, o quién pone la voz al escéptico espectador?)


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jueves

imágenes: eli roth es zachary quinto!

vamos, que álguien se atreva a negármelo...



roth_quinto
(no, en serio, álguien puede decirme, por favor, cuál de ellos es Eli, y cuál Zachary?)



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y2_2

miércoles

imágenes: quién es eli roth?

eli_1


Que Eli Roth es un tipo al que le gusta disfrazarse, es un dato que no requiere ninguna explicación. Y de la misma forma que afronta esa faceta de su vida, es como se pone tras la cámara a la hora de rodar una de sus cintas. La diversión, el guiño bien entendido y el cachondeo sin mucho rubor, son marca de la casa. Pero hay una faceta que se me había escapado hasta ahora. Llámenle disfraz o directamente imitación, pero Eli SIEMPRE va vestido de álguien.

Quizá se refleje más a través la siguiente imagen. ¿Se atreven a adivinar?



eliroth



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viernes

Ilusiones Cortas XIII: The Key to Reserva – La Llave Reserva (Martin Scorsese, 2007)

Que Martin Scorsese es un perfecto artesano está fuera de toda duda. Su irregular pero adorada trayectoria cinematográfica así lo atestigua. Y si obviamos toda la parte de su carrera que le construyó una casita en lo más alto del valle del éxito, nos encontramos con varias de las imitaciones (llámenle juegos, intertextualidad, u homenaje), más perfectas y con más capacidad para reutilizar el original de la historia del cine. El Cabo del Miedo, o Infiltrados, sólo eran remakes. Llevados a lo oscarizable por el toque del prestigio, pero simples remakes.

Pero ahora, y gracias a la magia del espíritu navideño, a cuestiones pecuniarias, e imagino que a irrefrenables ganas de jugar, nos llega el anuncio de Freixenet más extraño de su larga tradición (y miren que me ha costado escribir el adjetivo “extraño” en esta última frase). En los 9:21 minutos que van a ver, escudado en un divertido juego, encontramos lo mejor del mejor Hitchcock popular. Impecable. Calcado. La música de “Con la Muerte en los Talones” nos sitúa, nos lleva. La iluminación, la fotografía, los planos, los movimientos de cámara, el macguffin, la magnífica presentación de personajes, el estilo... todo nos demuestra que Scorsese ama al maestro del suspense, y aún más nos deja claro que sabe copiarle. Pero los tiempos cambian, claro. O, al menos, tras eso se esconde Scorsese. La artesanía de la que hacía gala Hitch no tiene lugar en estos días, y Marty no sólo la sustituye por infografía (demasiada incluso para los menores costes de un spot publicitario), sino que la justifica con un diálogo lapidario:

Vamos a hacerla, como hacer mi propio Hitchcock. Sólo que parezca... tiene que ser tal como la hubiera filmado él entonces, sólo que ahora. Pero como la hubiera hecho él. Si ahora estuviera vivo y la hiciera, ahora la filmaría como si fuera entonces. [...] ¡Pero suya, no mía, yo no podría!

En este arranque de lenguaraz sinceridad, y a modo de captatio benevoltiae, el director nos dice que él no es El Maestro, que está jugando y que no se lo tengamos en cuenta. Que sólo va a hacer de Él. Pero no se equivoquen, Scorsese sabe lo que se hace y se guarda un último giro en la manga: Al final, es más consciente de su posición de malvado plagiador de lo que quiere hacernos creer.

No le doy más vueltas y espero que perdonen que haya convertido esta casa en un tablón publicitario. Creo que la ocasión lo merece. Disfruten de lo que será, en todo caso, uno de los mejores anuncios que van a ver estas navidades. Disfruten de Martin Scorsese divirtiéndose, disfruten del guiño a Hitchcock, y a todos nosotros. Les dejo con “The Key to Reserva – La Llave Reserva



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lunes

Ilusiones Cortas XII: El malsano mundo de Robert Morgan

Robert se crió en la ciudad maldita de Yateley, en Hampshire. A la tierna edad de tres años, desarrolló la pasión por el cine cuando su tío le enseñó El monstruo sin rostro (Fiend Without A Face - 1958) en un proyector de 8mm. Como resultado se convirtió en un niño extraño, obsesionado con los monstruos, los tiburones y los insectos.

Como "adulto sensible" estudió Animación en el Surrey Institute Of Art And Design y en 1997 realizó su primera película "El Hombre en la Esquina Inferior Izquierda de la Fotografía" (The Man in the Lower-Left Hand Corner of the Photograph - 1999), que ganó cinco premios internacionales y algunas ventas poco beneficiosas a distribuidores.





Poco después, rodó "El Gato con Manos" (The Cat with Hands - 2001), un cuento sobre un gatito muy malo. Se inspiraba en una pesadilla recurrente que la hermana mayor de Robert, Eleanor, tenía cuando era joven. La película fue financiada por el Channel 4, y ganó seis premios muy prestigiosos, incluyendo el Soho Rushes New Director Award.




En 2003, financiado por el canal S4C y por la SGRÎN (comisión galesa para el cine), Rob realizó La Separación (The Separation - 2003) otra película en stop-motion que ganó 15 premios internacionales, incluyendo el BAFTA Galés al Mejor Corto de Animación, y el de Mejor Película Animada en el Melbourne International Film Festival. También consiguió que un espectador en Melbourne se desmayara de la impresión, lo que hizo aún más feliz a Rob, y le dió impulso para seguir haciendo películas.



Al año siguiente dirigió su primer corto de acción real, Monsters (2004), encargado por FilmFour y The UK Film Council para formar parte de la programación de su Cinema Extreme. Este cuento macabro de tensión entre hermanos se inspiró en el recuerdo de niñez de cuando encontró en el jardín de su casa una cabeza amputada de un ganso, así como en la violenta relación con su hermana adolescente, antes de que ella se convirtiera finalmente en un ser humano. Fue premiado en el Edinburgh International Film Festival de 2004, fue nominado para el Premio Melies de Oro, y recibió reseñas apasionadas, como ésta misma (el cheque ya está en correos).




Robert tiene actualmente numerosos proyectos en varios estadios de desarrollo. Algunos son de acción real, algunos son animados. Algunos son largos, algunos son cortos. Vive en Londres.

creditos_
texto: animusfilms
videos: SisterBoy


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martes

Diary of the Dead: Un acercamiento al cine de Romero

romero

Es curioso que en esta edición del Festival de Sitges, muchas de las propuestas versan sobre el poder visual y mediático de la imagen no cinematográfica.

Las películas se esfuerzan en no parecer películas, en un intento tanto de ser novedosas y originales (lástima que se hayan puesto todas a la vez a hacerlo), como de demostrar que al fin ese arte, que tiene ya más de cien años, empieza a ser verdaderamente popular: Ahora es el propio pueblo el que dirige, produce, distribuye y visiona sus propias historias.

Pero claro, tanto éxito, tiene una pega: hay tanto ruido que apenas nadie destaca, sólo los verdaderos conocedores del oficio pueden erigirse maestros de este nuevo cine. Y ahí está George A. Romero presentando su candidatura con Diary of the Dead, película que empieza con una voz en off femenina que nos explica que lo que vamos a ver a continuación es una edición para facilitar el visionado de todo el material que han estado rodando con cámaras digitales, y que contiene todo lo que les ha pasado a ella y su grupo en esos días.

A partir de ese punto encontramos una interesante historia sobre la humanidad y el papel de los medios en ella, en el que los zombies son poco más que una excusa secundaria para demostrar lo sencillo que es que nos convirtamos en monstruos hambrientos, ya sea a través de una mordedura de una cadáver anhelante de cerebros, o de una cámara, objeto que aisla al que la maneja de lo que le rodea, lo convierte en un ser insensible, incapaz de participar en la desgracia, y hambriento de imágenes que contar y hacer públicas.

Pocas veces antes, Romero, se había lanzado de forma tan descarada al estudio sociológico, pero al hacerlo ha dado un largo salto atrás, posiblemente definitivo, en esa emocionante carrera que estaba emprendiendo en la evolución zombie. Continuar a partir de los zombies dolientes de La Tierra de los Muertos, iba a ser un duro trabajo que finalmente no ha aceptado. Y en este momento que lo zombie vuelve a estar en primera línea, el viejo director ha decidido volver la vista atrás y alejarse así de toda la miríada de imitadores que intentan cambiar un concepto que, según Romero, no entienden.



¿Qué opina del resurgir actual del tema zombie?

Se habla de conexión subconsciente entre el tema de la muerte y la política actual, y de ahí que haya renacido el tema zombie, pero yo no creo que haya ningún tipo de conexión. Es más bien una cuestión comercial. Está de moda y da dinero, pero por ejemplo, el libro "World War Z" de Max Brooks o "Cell" de Stephen King, no hablan de lo mismo de lo que quiero hablar yo con las películas de zombies. Es una cuestión comercial. Para mí, los zombies representan los desastres naturales. Mis películas estudian el drama humano y los zombies representan el cambio revolucionario. El Mal está en los humanos, los zombies son sinceros, no mienten.

¿Cómo es que ha detenido la evolución zombie, y ha vuelto a representarlos como en las primeras películas?

Volver al primer tipo de zombie era lo que me permitía explicar la historia de los jóvenes, centrarme en esa gente. Si la rodaba sobre varios años en el futuro (la película se centra en los inicios de la infección zombie), esos jóvenes no estarían rodando, tendrían armas... y el libro de supervivencia de Max Brooks! (risas generalizadas)

¿Y hacia dónde se va a dirigir el tema a partir de ahora?

No sé hacía dónde voy a continuar. Quizá continúe por aquí, con la idea de los medios de comunicación.

En su película, hace una broma sobre que los zombies son lentos. ¿Qué opina de los zombies que aparecen en "28 Días Después" o "28 Semanas Después", que corren?

Esos no son zombies (aplausos en la sala)
En mi película hablo del remake de "Dawn of de Dead". Allí los zombies sí que corren mucho. Por eso tenía que decir algo al respecto.

¿Qué opina de que las nuevas versiones de otros autores tiendan más a la comedia, en vez de al drama como hace vd.?

No uso a mis zombies para crear un shock. Los uso de revolución que afecta a la gente. No me malinterprete, me divierto con lo salvaje como demuestra la escena del zombie al que se le derrite el cerebro, pero no uso a mis zombies como monstruo icónico popular. No es cine de simple entretenimiento. Es una cuestión idiomática: Cuando empecé, los zombies, eran esos tipos caribeños. Yo llamaba a mis monstruos Comedores de Carne. En realidad, robé la idea de la novela "I Am Legend" de Richard Matheson, que aunque empezó la revolución desde el final y con vampiros, yo quise hacerlo desde el comienzo y me tuve que inventar otro tipo de monstruo para que fuera diferente.

¿Cómo es que ya no rueda en la ciudad habitual, Pittsburg?

Rodar en Canada fue por los incentivos económicos que daban. Por eso se está dejando poco a poco de rodar en los USA. Porque otros países ponen muchas más facilidades. Para una película independiente, si no cuentas con un gran estudio detrás, es más fácil no rodar en USA. Por suerte, me he rodeado de un gran equipo y no importa dónde trabajemos.

Volviendo a los Remakes, ¿cree que aportan algo nuevo?

No creo que añadan nada a la mitología. Snyder (director del remake de 2004 de su película "Dawn of the Dead" de 1978) es un gran director, y rodó una gran película, pero hizo una película de acción. En general, los remakes no aportan nuevas ideas.

¿Y qué haría Romero en un Apocalipsis Zombie?

Guau! No sé. No creo que me suicidara. Supongo que acabaría en los mismos sitios que los personajes de mis películas.


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lunes

frases desafortunadas (I)

redacted

"Imagínense a los jóvenes musulmanes que vean como se viola a una joven musulmana. Si al menos uno de esos jóvenes mata a un Americano, será culpa de Brian de Palma."

Bill O'Reilly, periodista de FOX News, tras ver "REDACTED", película ganadora del León de Plata al Mejor Director en el pasado Festival de Venecia.


NOTA:
Idea de la sección expoliada sin rubor de la página "Un Lugar en el Mundo" de Jose María.


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LUTO

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Ingmar Bergman (1918-2007)


Antonioni
Michelangelo Antonioni (1912-2007)

viernes

EDICIÓN REMASTERIZADA: Biografia No Oficial de George Walton Lucas Jr. Episodio I. La Amenaza Fantasma.

ep1

Publicado originalmente el viernes, 6 de octubre, 2006


Episodio I. La Amenaza Fantasma.
Por Jack Sparrow.

Un 14 de mayo de 1944, en una granja de Modesto (California) nacía un bebé con barbita cuyos padres (George y Dorothy) actualmente todo el mundo tiene en mente (a sus padres, a sus abuelos y a toda su familia, yo al menos me acuerdo de todos ellos constantemente). A esta tierna criatura, que al crecer se volvería un auténtico hijo de puta, le llamaron George. Y ya de pequeño, el gran interés de George fue.... el DINERO. No satisfecho con la paga que le daban sus padres, buscó otras formas de ganar dinero... mucho dinero.

Lo que primero le vino en mente para ganar mucho… pero mucho dinero, fue las carreras de coches, le encantaba la velocidad… (la velocidad en ganar dinero me refiero, cuanto más rápido mejor), estaba dispuesto a ser un corredor profesional cuando tuvo un gravísimo accidente de coche que casi le cuesta la vida y decidió que eso era muy peligroso y que prefería dedicarse a otra cosa (qué gran piloto de NASCAR se perdió el Mundo).

¿Dónde podía ganar mucho dinero sin hacer el güevo? El Merchandising!!! Eso es lo que da dinero!!!! Por lo que decidió ir a la Universidad y, entre porro y porro, estudiar Cinematografía, usease director de Cine, para poder hacer Merchandising de sus películas.

Pero el tiempo pasaba y no ganaba dinero con las figuritas de su corto "Electronic Labyrinth THX 1138 4EB ", por lo que un día que estaba fumando con su amiguito Coppola, escuchando a Bob Marley por la Radio, éste le dio un consejo: “si quieres ganar pasta, a parte del Merchandising hazte Productor!”

Y Lucas le contesto: “Noooo...., no wooooman, no cryyyyyy.....Mmmmm!! …pos nos hacemos!!!"

Y se hicieron. En 1969 fundaron la productora American Zoetrope. Ahora faltaba una película que producir... Algo rápido y facilito que no diese muchos quebraderos de cabeza... Pos a hacer la versión larga de su corto "THX 1138".

Empezaba a ganar algo de dinero. Pero esto de repartir los beneficios con otro no le gustaba nada, lo quería todo para él! Y en 1971 decidió fundar su propia Productora, Lucasfilm Ltd. De nuevo le faltaba una película, y lo de coger un corto suyo y alargarlo ya no colaba, por lo que la solución fácil era un película típica americana para a ver si caían algunos premios, "American Graffiti", premio Globo de Oro y cinco nominaciones a los Oscars. Al ver que no le daban ningún Oscar, decidió olvidarse de las películas realistas y pensó hacer de ficción, al estilo "Flash Gordon" y “El planeta de los Simios” que era lo que se llevaba en aquella época.

Un día que estaba aburrido y se fue al videoclub a alquilar una peli, vio en el suelo un billete de un dólar y el muy pesetero se agacho a cogerlo, pero tropezó y cayó de cabeza contra la estantería de películas asiáticas, y cientos de pelis le cayeron en la cabeza, entre ellas varias películas del gran maestro Kurosawa, teniendo una gran conmoción. Y tuvo una revelación: se le aparecieron miles de figuras (guerreros samurai... digo caballeros jedi) y naves para vender, solo le faltaría la propaganda adecuada.. y para fortuna de todos hizo…. “Star Wars” (El inicio de La Sagrada Trilogía). Su cuarto intento, una nueva esperanza de ganar mucha pasta.
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Continúa en:

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Brioche en la calle Bercy

Respetado señor

El día 13 de enero se cumplen 30 años de ausencia de Henri Langlois.

A partir de ese día, Nicolás Román autoriza sin límites la publicación
y difusión gratuita del texto que se adjunta.
Si usted lo puede difundir, pues le agradeceríamos inmensamente.

Román fué director de nuestro club, el Club Vlad, él es abogado, cineclubista
y realizador. Ahora vive en Francia.
[...]

Calurosamente

Wilson Franco
Prensa





enero 1977 - enero 2007
30 años sin él

Brioche en la calle Bercy
A la inconmesurable alma de Henri Langlois.

Por: Nicolás Román Borré de http://nerb.over-blog.com




I

Así es como París nos destruye despacio,
deliciosamente, triturándonos entre flores viejas
y manteles de papel con manchas de vino,
con su fuego sin color que corre al anochecer
saliendo de los portales carcomidos.
Julio Cortázar


El embrujo cautivador de la ciudad luz la transforma en la destinación turística más importante del planeta, volviéndose de cierta manera, en la excepción de la memorable frase de Ortega y Gasset: "Cuando mucha gente está de acuerdo en algo, es para una idiotez o una bellaquería".

Siendo pequeño nunca imaginé visitar la capital francesa, aunque guardaba una secreta esperanza de conocer en Normandía el monte San Miguel, catalogado como una maravilla por “El mundo de los niños” que leía religiosamente todas las noches.

De suerte que yo descubrí la leyenda y los mitos parisinos al igual que muchos, gracias al cine, la literatura, la pintura y, de cierta manera, a generosos amigos viajeros que me narraban sus experiencias en la tierra de Molière.

No hay duda que una metrópoli como ésta posee la ventaja de convertirse en un camaleón, que ofrece aristas multicolores completamente diferentes según las preferencias de quien la descifra. Y aunque advertido por Baudelaire de las cualidades metamórficas de esa ciudad-monstruo, que te ofrece el cielo mientras te afixia, es bastante difícil luchar contra la visión idílica de París.

Dicho mito de la tierra romántica y del glamour es particularmente alimentado por el cine; verbigracia: Un americano en París, de Vincente Minelli, o Todo el mundo dice te quiero, de Woody Allen, que se parecen a unas cartas postales al estilo del fotógrafo Robert Doisneau. En contraposición, la cinta La regla del juego, de Jean Renoir, sobre la hipocresía ciudadana, o la contemporánea El odio, de Mathieu Kassovitz, acerca de la exclusión social, se aproximan más bien a un estudio meticuloso del lente platinado de Henri Cartier-Bresson.

Únicamente los documentales, en especial los de Alain Cavalier con sus Retratos de mujeres, al igual que Nicolás Philibert, que indaga los seres anónimos y los lugares famosos de la ciudad luz, me permitían tener una imagen más realista que la que podría obtener viendo la quimérica El fabuloso destino de Amélie Poulain, de Jean-Pierre Jeunet.

Quiso entonces la vida que yo habitara la Galia, y era normal pasar algún tiempo en el decorado más utilizado del celuloide(1). El inconveniente es que la capital se nos revela de tres maneras: en calidad de turista, al comprar en una agencia de viajes un paquete de “Conozca París en 4 días”; como habitante urbano de sus entrañas; y, por último, del género refinado de los bobos(2). Pero por las circunstancias de mi estadía, yo debía descubrir París solamente algunos meses después -y a retazos-; exactamente cada nueve semanas visitaría la ciudad-monstruo, en efímeros fines de semanas.

Como resultado, llegué de paso al aeropuerto, y una extraña melancolía se apoderó de mis sentidos; era como Davos Hanich en La jetée de Chris Marker(3)… Entonces me convertí en una especie de burbuja silenciosa, donde el exterior se vislumbraba difuso e irreal, al mismo tiempo que atravesaba los barrios para tomar un tren hacia el oriente del país.

Esperando que llegara el momento de perderme por las calles como Jeanne Moreau en Ascensor al cadalso, de Louis Malle (con la suculenta música de Miles Davis), decidí recurrir a una bitácora citadina profesional: Rayuela, de Julio Cortázar.

Borges decía con certeza que lo importante no es leer sino re-leer, y re-leer Rayuela dominando las citas en francés y sus significados socioculturales es aún más gratificante. Pero el tiro me salió por la culata, porque Rayuela es un rompecabezas que enaltece la ciudad luz, es un himno que invita a izar las velas y navegar por ella; al final todos queremos ser Oliveira, la Maga o el mismo Cortázar.

Hasta ese entonces yo había guardado una posición estoica: ninguna ansiedad particular de visitar la ciudad-monstruo; intentaba tener una visión objetiva e imparcial de París. Pero de golpe todo se derrumbó; mi espíritu cedió a las imágenes de cientos de películas que yo había almacenado en mi cerebro y, sobretodo, había un argumento inapelable: ¡yo vivía en Francia!

En virtud de tal postulado lógico, comencé a elaborar un meticuloso plan de abordaje (había que ser riguroso y extremadamente práctico). Las prioridades del primer fin de semana serían el Louvre y la Cinemateca Francesa. El arco del Triunfo, el centro Pompidou, la torre Eiffel, el museo de Orsay y los campos Elíseos fueron relegados a una visita futura.

Debo confesar que acto seguido a la inmersión absoluta en el mundo cineclubista, la percepción de mis recuerdos sufrió un cambio drástico; por eso, ahora me es imposible recordar algo sin asociarlo a una película. Por consiguiente, cuando atravesé la puerta del Louvre, fue como ser parte del equipo del documental La ville Louvre, de Philibert. Era como un “déjà vu”, pero en color, e infinitamente más fascinante.

Aunque neófito en museología, creo que nadie discute que hay dos momentos en la vida cultural de una persona: antes y después del Louvre. Antes, uno cree saber qué significa “Museo”; al salir del Louvre, tenemos la absoluta certeza del alcance de esa palabra.

El hecho de haber comenzado por el departamento de antigüedades egipcias me produjo gran alegría; luego se añadieron generosamente otras, sobretodo al apreciar las obras de Jan Van Eyck y Eugène Delacroix. Pero hay una que pagó el tiquete: La dentellière de Johannes Vermeer. Yo la conocía en fotos, pero estar frente a ella me llenó de una viva emoción(4).

Nadie dice cómo salimos del Louvre, pero la verdad es que el entusiasmo evita darnos cuenta de la fatiga corporal y mental que genera dicho encuentro. Yo no estaba cansado; estaba literalmente demolido y, además, asombrado por la forma en que el tiempo transcurrió, pues no había terminado de ver las salas cuando un vigilante me obligó a salir.



II

Respirar París ayuda a conservar el alma.
Víctor Hugo

Henri es el dragón que vigila y protege nuestros tesoros.
Jean Cocteau


Al día siguiente, tomé infructuosamente el sendero hacia la Cinemateca Francesa -algo andaba mal con la dirección-; por eso me dirigí a una oficina de turismo donde una parisina me dijo que la Cinemateca no existía. Luego de algunos segundos de un silencio gélido, mi acento costeño se hizo más fuerte en mi limitado francés y le dije: “Señorita, debe haber un error, busque en su computador la dirección correcta, ya que la Cinemateca ¡sí existe!”

Para mi desgracia, el circuito electrónico corroboró la respuesta de la empleada, quien aprovechó para añadir con cierta malicia, que ella no había escuchado hablar de ese lugar. Me fui de la oficina algo avergonzado, pensando en cómo era posible que los franceses no conozcan ese santuario del cine que le había enseñado a Truffaut, Rivette, Chabrol y Godard a hacer sus películas.

Yo comprendía las penurias de la Cinemateca(5), todas las aventuras que ese gordito carismático con sangre de celulosa (Henri Langlois) emprendió por preservarla; e incluso, sabía de las elevadas cifras del mantenimiento y restauración de las cintas mudas que guardaban en sus archivos. Pero de allí a su cierre hay años luz de diferencia; por eso, como Harrison Ford en Búsqueda frenética, de Roman Polanski, emprendí una investigación por la calles capitalinas en aras de encontrar, como mínimo, sus bodegas.

Entretanto, en mi cabeza se repetían las palabras de François Truffaut: “La cinemateca era y es un hogar para todos”. A pesar del tiempo y la distancia, yo sentía que también era mi hogar, ya que la pasión de Langlois trascendía las fronteras e influenciaba a todos los que de una u otra forma pensamos que la sala oscura es la mejor de las religiones.

De hecho, es como una especie de hermandad: tú te sientes próximo de aquel que comparte los mismos gustos fílmicos, que defiende una cinta plena de atributos que nadie parece apreciar, o que funda un cineclub con el objeto de compartir la felicidad que le produce el séptimo arte. Y si mal no estoy, me parece que Cortázar vivió algo similar con el Che:

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.


Henri Langlois cumplió a cabalidad con su labor de primogénito aventajado de la vasta familia cinéfila, en especial al permitirnos acceder a sus brillantes escritos, por transmitirnos las obsesiones por los aparatos pre-cinematográficos y la desbordante pasión por el expresionismo alemán. Como su hermano menor, padecí cuando supe que en 1968 el Ministerio de Cultura lo despidió de la institución que él fundó. Lo escuché decir que no era sino un simple mendigo del cine al referirse a su trabajo; o que la idea de coleccionar le vino del miedo a que una guerra arrasara con las películas y los equipos de la ciudad. Sonreí al verlo entrar goloso en las panaderías(6). Y soñé a su lado con realizar ese fantástico proyecto sobre Georges Méliès, Etienne-Jules Marey y los teatros ópticos.

Sin embargo, mis pesquisas fueron inútiles; la Cinemateca se había evaporado... Afortunadamente, una reciente babel que sustituyó al faro de Alejandría, me brindó la respuesta de su extraña invisibilidad. En un lacónico mensaje publicado en la red, el cineasta Claude Berri (actuando como Presidente de dicha entidad) notificaba a todos que, según los acuerdos efectuados con el Centro Nacional de la Cinematografía, se estaba construyendo un edificio que albergaría al antiguo Museo del Cine, la Cinemateca Francesa y la Biblioteca de Películas.

Dos años pasaron desde entonces, y durante ese tiempo yo visité la ciudad-monstruo siempre con un objetivo audiovisual. Mientras la gente se paseaba por los campos Elíseos -estilo Joe Dassin-, yo buscaba con precisión el lugar donde pasaron Jean Seberg y Jean-Paul Belmondo en À bout de souffle de Jean-Luc Godard. Para mí, el metro no era el medio de transporte que facilitaba el desplazamiento, sino los decorados donde Cary Grant y Audrey Hepburn filmaron Charada de Stanley Donen; Luc Besson, Subway; Krzysztof Kieslowski, Blanco; y Jean-Jacques Beineix, Diva. La torre Eiffel fue el lugar donde danzaba Fred Astaire en Funny Face, de Stanley Donen; o la obsesión de un grupo de personas que desean verla desde su apartamento en Conocemos la canción, de Alain Resnais. Yo no veía en las calles y avenidas de París la elegancia arquitectónica, como en la desierta e insólita Paris brûle-t-il? de Jean Renoir, sino los sitios por donde la nouvelle vague rodó Los 400 golpes de François Truffaut, Zazie dans le métro de Louis Malle y Cléo de 5 a 7 de Agnès Varda.

Finalmente, en el 2006, la Cinemateca reabrió sus puertas en la calle Bercy, después de cinco decenios de mudanzas sin límites. Y sus cifras eran impresionantes: 14400 metros cuadrados de espacio, 50000 películas, 4000 cámaras y aparatos pre-cinematográficos que incluían la primera colección de la historia de Wilfrid Ernest Lytton Day, las colecciones personales de Langlois sobre el cine silente, soviético y alemán, millones de libros, fotografías y afiches, al igual que cientos de miles de accesorios y vestidos de época utilizados en los rodajes.

Yo me encontraba listo y al acecho, como un felino antes del ataque, pero parecía que el destino al manejar los hilos me dictaba la paciencia, porque no pude asistir a la inauguración, ni tampoco logré ir durante los meses siguientes.



III

En la escuela nos enseñaron a tender la cama,
allá organizabamos concursos para ver quién lo hacía mejor,
nunca gané, pero respeto este mueble.
En una cama venimos al mundo
y en una cama nos vamos.
La cama es un lugar sagrado
que no admite ninguna banalidad a su alrededor.
Pedro Almodóvar


Un asunto administrativo en la Embajada de Colombia me otorgó la oportunidad -mejor dicho: “la papaya”- de volver a París, y esta vez no permitiría que nada ni nadie, se interpusiera en la ya paranoica cita retardada. Pero al escuchar en el tren que había anomalías en el transporte y algunas manifestaciones sindicales, me entró el temor de fallar de nuevo la visita a la Cinemateca.

Atravesé en tren el país del vino -772 kilómetros entre las dos ciudades- y aunque hasta ese momento me había comportado como un filósofo zen, al pisar el suelo de la estación, me prometí acampar frente al edificio si era necesario; haría una huelga de hambre; llamaría a los periodistas; me arrodillaría ante los porteros para que abrieran las puertas; diría que tenía cáncer; todo era válido. Ya no se trataba de un simple día de cultura: era la justicia que se imponía para un colombiano que presentó gratuitamente todo el cine francés por las calles de Cartagena de Indias; un derecho adquirido e imprescriptible que se vislumbraba esquivo.

No obstante, como un estanque apacible, la ciudad me acogió -creo que ella sintió mi firme determinación-, acaricié sus muros ocres en señal de gratitud y una brisa cálida me acompañó venturosa hasta la puerta del coloso edificio. Movido por el sentimiento reprimido de aquellos días lejanos donde todo se interponía, compré el tiquete y me perdí -por fin- en el imaginario que desde el inicio de los tiempos grabara mi nombre sobre esa entrada de papel.

En la recepción ofrecían varias posibilidades de recorrido; yo opté por el tiquete que daba acceso a la exposición Almodóvar y enseguida a la muestra permanente. Por lo tanto, al salir del ascensor me encontré en la penumbra total, mientras la voz omnipresente del español describía su niñez y guiaba a los visitantes por un laberinto de luces de neón. Al principio apareció un joven delgado y bigotudo -irreconocible-; un cierto adolescente de La Mancha, que vivió, sufrió y filmó Madrid con su cámara super 8. Luego surgió, en la segunda sala, su período familiar: fotos, diarios, pequeños guiones, los collages que el ibérico realizara sobre Kafka en la hojas de la compañía telefónica donde trabajaba, sus obsesiones por el cosmos femenino y la justificación de filmarlas porque ellas son más expresivas que los hombres. Después vinieron otros collages (pero esta vez del artista Dis Berlin); era imposible escapar a esa colorida cama gigante y escandalosa que marcaba el sendero junto con los teléfonos obstinadamente rojos, las innumerables máquinas de escribir de las cuales Almodóvar se confiesa fetichista, los extractos de sus películas, los diseños de Jean Cocteau, algunos desnudos, afiches de sus cintas favoritas, las biografías y publicaciones, las fotos secretas, dvds.; mejor dicho: “todo sobre Pedro”.

Y lo mejor estaba por venir: la sección denominada “Passion cinéma” abarcaba toda la pre-historia de la imagen, desde las sombras chinescas hasta el cinematógrafo Lumière. Asumí entonces el rol del arqueólogo que remonta en el tiempo y en el espíritu de los hombres, al constatar mis conocimientos teóricos que nunca habían sido confrontados con la realidad del terreno. Frente a mis ojos giraban todos los equipos e invenciones que aprovechan la impresión retiniana para crear la ilusión del movimiento (en últimas, es un problema filosófico, pues la magia y el encanto jamás se escondieron en los aparatos, sino que siempre estuvieron en nuestro imaginario y en la capacidad de soñar).

Pronto esas divagaciones existenciales de los investigadores y la intelectualización de la fuente onírica del movimiento pasaron a un segundo plano, al impulsar jovialmente el zoótropo central; sucumbí ante el encanto del mutoscopio y el praxinoscopio; salté entre las linternas mágicas y los teatros ópticos; acaricié el kinetoscopio de Edinson y el bioscopio de Skladanowski; y jugué con el filoscopio y el fenaquistoscopio hasta el cierre de la atención al público.

Partí feliz, como un niño que viene de devorar una tienda de caramelos. Pero aún en medio de ese furor, recordé a un amigo que, mientras saciábamos nuestra hambre con unos patacones recalentados del muelle de los Pegasos, me solicitara una entrada de la Cinemateca para su álbum. En ese momento, comprendí que aquel flash-back tenía un componente ético, pero sobretodo gástrico, porque eran las ocho de la noche y yo no tenía nada en el estomago, de suerte que a mi organismo rebelde se le antojó un patacón con una rebanada de queso -cuestión improbable en París-. Así que puse mis pies en marcha hacía una panadería cercana y pedí dos brioches con pepitas de chocolate... Al saborearlos, me vino a la mente la imagen de Henri Langlois, quien degustaba los panes y después regresaba a trabajar en la Cinemateca. Yo hice lo contrario: comí, alejándome de ese sacrosanto lugar; pero con lágrimas en los ojos, porque Henri, mi hermano, ya no se hallaba sobre la tierra.

henrilanglois



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1- Universal, la Metro-Goldwyn-Mayer y la Paramount, en sus filmes: The perfect furlough de Blake Edwards, Un americano en París de Vincente Minelli e Irma la douce de Billy Wilder -respectivamente-, prefirieron recrear la ciudad en estudio. Igual aconteció con los directores más representativos de los años treinta en Francia: René Clair y Marcel Carné; e incluso Leos Carax, en los noventa, reconstruyó el puente y las fachadas vecinas en un espacio de 15 hectáreas para Les amants du pont neuf. La negación de París como decorado, la encontramos al ver Pickpocket de Robert Bresson; allí la capital es anónima, inerte, abstracta, casi imperceptible. De esa forma, Bresson refuerza su búsqueda permanente del alma humana, al excluir la belleza estética del plano.

2- En francés, “bobo” designa a los burgueses bohemios con buen nivel intelectual, amantes del arte y -en teoría- políticamente comprometidos. Ellos se divierten visitando los mejores sitios: museos, restaurantes y cafés.

3- La jetée: cortometraje de ciencia ficción -realizado a partir de fotografías- sobre un hombre que viene del futuro y que recuerda una imagen que lo marcó en su infancia en el aeropuerto de Orly (Terry Gilliam dirigió, en 1995, una versión libre intitulada 12 monos).

Chris Marker es un cineasta puro, de una sensibilidad y una militancia documental inigualables. Su nombre ha sido inexplicablemente omitido en muchos libros de cine -aún en Francia-. De él dijo lo siguiente el gran escritor Henri Michaux: "Habría que arrasar la Sorbona y meter a Marker en su lugar."

4- Notarán que no hago alusión a La Gioconda de Leonardo Da Vinci, que es la pieza obligada del Louvre. Pues la verdad es que ella no me tocó -y, según algunos amigos pintores-, ese cuadro requiere de varios encuentros antes de entregarte su virtud.

5- A lo largo de los años, las mudanzas de la Cinemateca y del Museo del Cine fueron reiteradas debido a la pérdida de las subvenciones del Estado. Aunque estas dos instituciones son diferentes, casi nunca estuvieron separadas, e incluso, al principio de las proyecciones de la Cinemateca, las empresas distribuidoras prohibieron a Langlois la venta de tiquetes. Por esa razón, él decía a la entrada: “Estos son tiquetes de entrada al museo, y además podemos visitar las películas. Repito, son tiquetes para el museo, no entradas de cine.

6- Ver los documentales: Le fantôme d'Henri Langlois, de Jacques Richard, y Citizen Langlois, de Edgardo Cozarinsky.



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otros

viernes

El Retorno del Jedi - por David Lynch


EL RETORNO DEL JEDI
PRIMER ESBOZO
por David Lynch

(3-10-1981)


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En Negro, Angelo (Badalamenti) hace una versión swing de la Marcha Imperial.

Se abre el fundido y vemos entre sombras un reflejo de cigarro y tras él, el rostro de Luke. La marcha imperial se funde de forma estridente y pasa a ser una música alegre y festiva. Suena el intercomunicador del joven. Despacio lo conecta y escucha entre estática:

-“...ha...sta...idos

Evidentemente, Luke no entiende nada, pero parece no importarle.

En un pequeño inserto, vemos implosionar los restos de la 2ª Estrella de la Muerte.

Serio, Luke apaga el cigarro, coge su sable laser, su saxo y sale a escena. Entre el variado público podemos ver un palco que llama la atención más que los demás. Allí detectamos a Jabba El Hutt, un Monstruoso Gusano que se ha hecho poderoso a costa de traficar con especias de Arrakis. Tras el monstruo, vemos a Han Solo convertido en estatua.

Luke empieza a tocar una versión enloquecida de la canción de la Cantina de Mos Eisley. Mientras toca, vemos en colores llamativos pequeños flashbacks. Vemos a los tíos de Luke morir abrasados; vemos a Ben Kenobi arrodillado y mutilado, suplicando por su vida ante el malvado Vader; vemos a Han convertirse en estatua; vemos a Vader amputar el brazo de Luke, mientras ríe y le dice que es su puto padre.

Volvemos a ver implosionar la Estrella de la Muerte.

En el momento álgido de su actuación, Luke distingue a Leia (con una perfecta peluca) rubia tontear con Jabba, los celos del joven le llevan a terminar de forma precipitada y enloquecida. Casi de forma inconsciente, con rabia y odio en los ojos, se lanza a la platea en dirección a al gusano. Mutila y destroza a cientos de esbirros deformes de Jabba, salta de forma sobrehumana hacia el palco con el sable en alto… y nos deslumbra un fundido a blanco.

…Luke se despierta en el camastro de una pequeña habitación. Está arropado con la horrenda chaqueta de cuero de serpiente. La mira sorprendido, sale de la habitación y se adentra en un extraño salón de una vieja cabaña. Alrededor una mesa de madera, con varios deliciosos cafés y un par de cajas de pasteles, entrevemos a través de la deslumbrante luz a Leia sin la peluca rubia, y Han sonriendo e invitándolo a ese delicioso liquido de los dioses. Ambos con una inquietante sonrisa en la boca. Luke no acaba de entender lo que ha pasado. Se asoma por el marco de madera de la ventana y vemos con él un frondoso bosque de coníferas. Hasta donde alcanza la vista sólo hay bosque y más bosque.

-“¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Chewie?”- pregunta el joven Jedi.
-“¿Te refieres a ese maleducado gran danés que tenías? ¿No lo recuerdas…? Tuviste que sacrificarlo hace dos lunas para poder calentarte con sus tripas cuando te perdiste en el glaciar buscando a Ben… Y vaya por dios que me alegro, maldito chucho apestoso!"

Ambos ríen y le dan otro gran sorbo al café ante la estupefacta mirada de Luke: no recuerda haberlo hecho.

Han se levanta, entra en la habitación y se vuelve a poner su chaqueta de serpiente

-“Esta chaqueta de piel de serpiente simboliza mi individualidad y mi creencia en la libertad personal…, deberías probar la tarta de frambuesa

Luke les mira desconfiado. Leia roza la mano de Han al coger un trozo de tarta y entrevemos la tensión sexual. También entrevemos los celos del joven.

Volvemos a ver implosionar la Estrella de la Muerte. También vemos arder la cabaña de la montaña y a Vader entrar dentro. (NOTA MENTAL: ¿a que mola? Igual lo pongo marcha atrás y todo…)

-“¿Donde estamos?”, pregunta Luke.
-“En la tercera Luna de Endor…, fue idea tuya, Luke. ¿Qué te está pasando?", dice Leia preocupada.

Luke calla y escucha los planes que él mismo parece haber diseñado tiempo atrás: El Imperio está reconstruyendo la Estrella de la Muerte y piensan arrasar la galaxia. En esa luna de Endor está el control del campo de fuerza que forma el escudo del satélite, si lo destruyen, podrán atacar directamente a la Estrella y destruirla de forma definitiva (NOTA MENTAL: la conversación y la decisión de poner YA en marcha el plan ha de acabar con la versión “sui generis” del star wars main theme de Badalamenti.)

Fundido a negro. Noche cerrada. Cuando se abre distinguimos a duras penas a Leia entrar en la habitación de Han a hurtadillas. Luke está en la sala, oculto entre sombras, rabioso, y lo ve. Luke coge su sable y empieza a acercarse a la puerta cerrada. Cuando apoya su mano libre en el marco brillante por el reflejo del sable, se empieza a escuchar desde dentro música atronadora en alemán. Luke, confundido, se aleja despacio.

Esa misma noche, tras varias pesadillas sobre snaff movies con enanos en habitaciones blanquinegras, Luke sale (despacio también) de su habitación y deja una nota pegada con un imán en la nevera “Hacedlo sin mí, yo debo enfrentar mi propio destino” y sale de la cabaña no sin antes coger un pedazo de esa deliciosa tarta de frambuesa.

Por la mañana Leia lee la nota y presiente que algo malo va a suceder. “Algo malo va a suceder!” le grita a Han y en ese mismo momento, un enano renqueante con una media en la cabeza, con orejas de peluche encima, que baila marcha atrás, (con una lanza en sus manos) entra al asalto por la ventana. Y tras él cientos de enanos con similares características.

Atada y amordazada, no puede hacer más que ver salir a Han de la habitación con su pistola Mauser C96 en la mano, vestido únicamente con su reluciente chaqueta de piel. De la misma forma, los enanos danzarines, tras verle relucir en el viscoso color serpiente, le toman por un dios y acaban por decidir ayudarlos en su tarea antiimperialista. (NOTA MENTAL: igual pongo algún inserto bizarro aquí también, que me da pereza escribir los diálogos marcha atrás)

(NOTA MENTAL: A partir de aquí todo ha de ir endiabladamente rápido. Pedir a Angelo más jazz enloquecido)

Luke usa sus poderes jedi para llegar hasta su padre, el perrito guardián encuerado del malvado emperador. Una vez allí, le intentan arrastrar al lado oscuro explicándoles su historia: Luke en realidad se llama Junior, y fue secuestrado por un par de granjeros paletos del desierto de Tatooine. Que iba a ser el más malo de la galaxia, pero que el secuestro lo ha convertido en el llorón nenaza que es en la actualidad. Además, que sepa que la Estrella de la Muerte funciona a pleno rendimiento, que es todo una trampa y tal.

Mientras vemos el ataque rebelde (más los enanos peludos) a la estación de Endor. Los acondroplásicos de peluche van muriendo como escoria carne de cañón que son…, pero de forma heroica, Han y Leia llegan al transmisor de campo de fuerza y lo destruyen. No sin que muera Han tras volarse la cabeza con su Mauser C96 al tropezar con el cadáver de algún bicho. Leia coge su transmisor y entre sollozos anuncia ”Lider Rojo esperando fase 2… Han ha muerto

Ajeno a esto, Luke, totalmente fuera de sí, dos pueblos más allá del lado oscuro, convence violentamente a su padre (le arranca el respirador laringeo que tenía desde que le operaron por el cáncer) para derrocar al Emperador Palpatine, que acaba defenestrado por un sumidero de la Estrella. Herido de muerte por la lucha, Vader perdona a su hijo. Tras varios flashbacks en los que vemos la muerte de Ben, el brazo amputado del joven jedi y la quema de sus “tíos”, Luke no acepta su perdón y le remata sin piedad.

En una febril carrera por encontrar un transmisor mientras todo se derrumba por el ataque de los rebeldes (NOTA MENTAL: aquí, marcha imperial desbocada a un volumen infernal), finalmente encuentra un modelo antiguo en la mano muerta de un obrero autónomo muerto en plena reconstrucción. Tras desbloquear la pantalla con el logo del imperio, intenta llamar a Leia para advertirle de que van a disparar la Estrella (no le importa si vive o no, pero aún quiere beneficiársela)…, pero ella comunica. Sin saber a quién, deja un mensaje a las hondas

-“Salid de ahí, estáis jodidos!!!”.

Vemos por fin explosionar la Estrella de la muerte, no sin antes ver un gigantesco último rayo mortal salir de la estación imperial hacia los rebeldes de Endor.

Una gran explosión deja inconsciente a nuestro protagonista y mientras se nubla su vista, nosotros pasamos a ver…

En Negro, Angelo (Badalamenti) hace una versión swing de la Marcha Imperial.
Se abre el fundido y vemos entre sombras un reflejo de cigarro y tras él, el rostro de Luke. La marcha imperial se funde de forma estridente y pasa a ser una música alegre y festiva. Suena el intercomunicador del joven. Despacio lo conecta y escucha entre estática:

-“...ha...sta...idos!!!

Evidentemente, Luke no entiende, pero parece no importarle.

Fundido a negro.

Música de saxo, calmada. Se abre de negro con un pensativo Luke tumbado en la cama. Le vemos ligeramente diferente. Oímos ruido de agua corriente en el lavabo de la habitación. Luke, despacio, pensativo se levanta. Se viste con calma, se apoya en la puerta de la habitación y mira hacia el lavabo. Tras un par de segundos, coge del perchero fuera de campo su vieja chaqueta de piel de serpiente, sonríe y sale por la puerta.

Leia sale del baño secándose con una toalla. En ese momento, suena su móvil. Coge deprisa la llamada mientras observa la cama fuera de campo.

-“¿Si?
-"Lider Rojo esperando fase 2… Han ha muerto” Dice una voz llorosa.

Leia mira el número en la pantalla de su móvil: “Unknown”. Se extraña un momento, pero al segundo sonríe y empieza a hablar.

-“¿Te lo puedes creer?, “Han ha muerto” jejejeje… ¿Quién diablos sería?

Mientras tanto, se acerca a la cama y finalmente la vemos acariciar el flequillo de un apaciblemente dormido Han Solo.

Versión de Bowie de la Fanfarria "Star Wars Main Theme" mientras la cámara sale por la ventana, se lanza edificio abajo y empezamos a seguir a Luke mientras se monta en un Cadillac rojo descapotable y sale a toda velocidad de la ciudad…

TITULOS DE CRÉDITO…

(NOTA MENTAL: es un poco osado, pero creo que el embrollo sexual le acabará gustando a George (Lucas))

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NOTA: Esto no hubiera sido posible sin la enorme idea de Noel y Eki

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